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Relación de los comunistas con los intelectuales en la primera mitad del siglo XX

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“El animal produce solamente a tono y con arreglo a las necesidades de la especie a la que pertenece, mientras que el hombre sabe producir a tono con toda especie y aplicar siempre la medida inherente al objeto, el hombre, por tanto, crea también en arreglo con las leyes de la belleza”.

K. Marx

Hace un siglo se fundaba en Uruguay el primer Partido Comunista.

Bajo la inspiración luminosa de la Revolución Rusa de octubre de 1917, el acontecimiento más importante en la historia de la humanidad desde la perspectiva de los trabajadores y oprimidos, y en medio de germinales debates al interior de las organizaciones de izquierda en el país, nace desde las entrañas del Partido Socialista una nueva herramienta política al servicio de la emancipación de la clase obrera.

Por entonces el movimiento obrero se encontraba fuertemente influenciado por el anarquismo y organizado en sindicatos por oficios, sociedades de resistencia, centros culturales y asociaciones mutuales, el marxismo se expresaba políticamente en el Partido Socialista dirigido por el Doctor Emilio Frugoni, figura de enorme prestigio académico y político, rector de la universidad e influyente polemista en la prensa de la época.

Las distintas posiciones en torno a la experiencia bolchevique y el carácter de esa revolución generan un verdadero parte aguas al interior del Partido Socialista.  Saludando con entusiasmo la gesta de los obreros y campesinos rusos, la mayoría del partido adhiere a la internacional comunista y aceptando las 21 condiciones para su ingreso fundando el nuevo partido.

A la cabeza de estos hombres, que con arrojo y valentía se enfrentaron a la hegemonía de Frugoni, se encontraba Eugenio Gómez, hombre de extracción obrera que desde su temprana juventud militó en filas sindicales, secretario de la Federación Obrera Marítima desde 1918, Secretario General del Partido Comunista, miembro de la dirección de la Internacional Comunista, diputado desde 1925 hasta 1941, su actuación parlamentaria lo llevó a ganarse el reconocimiento de los trabajadores quienes lo llamaban “el diputado de los salarios” por su permanente accionar en relación a las condiciones de trabajo de los obreros industriales que sirviera de base para la creación de los consejos de salario.

El oportunismo teórico y el reformismo político (dos caras de la misma moneda) se ensañaron con la figura de Gómez, denostándolo, calumniándolo, ocultando su obra y escritos, e incluso evitando nombrarlo en los actos oficiales del actual PCU.

Un siglo después de aquellos primeros pasos del comunismo por estas tierras, nos parece útil y oportuno abordar algunos aspectos del trabajo constructor de quien fuera una personalidad insoslayable en la construcción del partido.

La relación entre los artistas e intelectuales y las ideas del socialismo científico se desarrollan desde el comienzo mismo de la producción teórica clásica.

Es frecuente encontrar en los textos de Marx y Engels citas y referencias a las obras de grandes maestros de la literatura tales como Shakespeare o Goethe entre otros, los pintores y escultores de su tiempo reflejaron en sus obras las penurias existenciales de lo que Marx llamaría “la humanidad sufriente”, las artes dramáticas, la filosofía y la ciencia lograron notables niveles de desarrollo cuando se entrelazaron con el socialismo y con el movimiento real de la lucha de clases.

Pero fue con la Revolución Rusa cuando la cultura da un salto de gigantes y consigue efectivamente alcanzar a grandes multitudes.

Resolviendo desde las primeras horas el drama del analfabetismo de cerca del 80% de la población, liberando las energías creadoras de las masas, asistiendo y jerarquizando la labor intelectual, promoviendo y creando conocimiento, fue capaz en menos de cuarenta años de convertir al país más atrasado de la vieja Europa en una verdadera potencia cultural y científica.

Demostrando en la vida que la revolución socialista es también y necesariamente una revolución cultural profunda y estructural. Rosa Luxemburgo afirmaba; “el socialismo no es simplemente una cuestión de cuchillo y tenedor sino también un formidable movimiento de la cultura”, en la misma dirección se encuentra la sentencia del comprometido poeta español Federico García Lorca cuando sostiene; “el día que el hambre desaparezca va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que conozca la historia humana”.

En nuestro país desde los primeros y augurales pasos los comunistas definieron una política hacia los intelectuales y trabajadores de la cultura.

En la misma medida que crecía el reconocimiento a la gran labor de la revolución de octubre en el terreno de las artes, la literatura y la ciencia, crecía la integración de los intelectuales a las filas del partido. Al tiempo que se promovía la elevación cultural de los trabajadores desarrollando desde los sindicatos una profusa actividad cultural en la que no faltaron bibliotecas obreras, elencos de teatro y arte lírico, exposiciones de pintura en los locales sindicales, conferencias acerca de múltiples temas, cursos de alfabetización para los obreros y desarrollo permanente de la actividad física y deportiva.

Producto de la línea impulsada por el partido en relación a la cultura se crean en este periodo las Ediciones Pueblos Unidos en 1942, espacio desde donde se editaron masivamente los clásicos del pensamiento socialista, así como un amplio catálogo de obras literarias que dieron voz a escritores de Uruguay y la región, y unos años más tarde, en 1949 se funda la institución teatral El Galpón.

Durante las primeras décadas de su presencia en el escenario nacional los comunistas uruguayos promovieron distintas asociaciones de artistas e intelectuales entre las que destacan la Asociación de Escritores Anti Fascistas, la Acción Anti Nazi y la influyente Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores.

Desde estos organismos sociales se participó activamente en el enfrentamiento a la dictadura de Terra donde los comunistas fueron ferozmente perseguidos, en este periodo son asesinados los militantes comunistas Idalecio Lujambio y Julia Scorino. Se militó activamente en la solidaridad con la República Española acechada por el fascismo y en donde militantes uruguayos se alistaron para combatir en las brigadas internacionales y se propició un amplio movimiento de lucha contra el nazismo.

El prestigio de la Unión Soviética, su heroicidad y sacrificio se agigantaron frente a los ojos de cientos de intelectuales honestos y sensibles que seguían con atención y compromiso los acontecimientos de la guerra.

Particular importancia tiene en esta etapa la conferencia ofrecida por Eugenio Gómez a los intelectuales el día 12 de abril de 1945 y que fuera publicada por la comisión de cultura y propaganda del partido.

La actividad a la que asistieron cientos de personas fue abierta por las palabras del escritor y maestro Jesualdo, personalidad de indiscutible relevancia en la cultura nacional.

En un tramo de su breve exposición introductoria a la conferencia Jesualdo señala:

“(…) agradecemos desde ya al Secretario General del Partido Comunista, Sr Eugenio Gómez, que es quien resume e interpreta en nuestro País, el destino superior a que aspiran los pobres y desheredados de la tierra.”

A su turno Gómez se dirige a los presentes con lenguaje sencillo y preciso tomando distancia de toda pose profesoral y compartiendo el punto de vista del partido acerca de la convulsa situación mundial y los desafíos que se le presentan a la cultura.

“No es posible concebir un desarrollo de la cultura aislado del proceso general, social y económico del país, y menos se puede desprender el drama de la cultura del drama general de la sociedad, en un medio atrasado, donde priman los intereses de capas sociales empeñadas en mantener dicho atraso.”

Tributario del optimismo que deriva del triunfo de las tropas soviéticas contra el nazismo, el conferencista define al régimen hitleriano como “la culminación de todos los crímenes cometidos a través de la historia contra la existencia económica del pueblo, contra sus libertades políticas y contra el derecho a la cultura”.

Nuestro autor rinde justo homenaje en sus palabras a los intelectuales que fusil en mano dieron la vida en el combate, y defiende con pasión el rol de estos en el proceso revolucionario y en el devenir histórico masificando el conocimiento, a este respecto cita a Neruda en su célebre “Canto de amor a Stalingrado”.

En otro pasaje de su disertación, Gómez se centra en la base material de la dependencia de nuestro país, arremetiendo contra el latifundio y levantado un programa de industrialización del agro, al mismo tiempo que propone la construcción de escuelas y liceos en todo el territorio dando un decisivo impulso a la instrucción pública.

Son a nuestro juicio de enorme relevancia sus apreciaciones en torno al rol de la clase obrera en la solución de los problemas de la cultura y su vínculo con el mundo de la creación artística, a este respecto afirma:

“El intelectual no debe producir en la soledad ni en la miseria .Las instituciones obreras y populares deben golpear diariamente las puertas de las organizaciones que agrupan a los intelectuales, a ofrecerles y a reclamarles su solidaridad para el engrandecimiento del país, y con mayor contundencia nos dice (…) Los creadores no son ni artículos de lujo, ni elementos decorativos del cuadro social; no deben ser tampoco exiliados del proceso social. Hay que combatir con decisión implacable la siniestra práctica de cercar, para domesticar, al intelectual, existente en nuestra realidad.”

Empatizando con los justos reclamos de los trabajadores del arte se propone su profesionalización y contra todo dogmatismo y cercenamiento se propende a la más irrestricta defensa de la libertad en la creación.

Con el propósito de acercar las múltiples expresiones del arte al pueblo, Gómez propone que en todos los locales partidarios y sedes sindicales se desarrollen conferencias, exposiciones, conciertos etc.

Entrelazando dialécticamente la producción artística con la realidad concreta se presenta la siguiente indicación metodológica:

“Pero el artista debe estudiar y crear y luego confundirse con el pueblo, que es fuente de inspiración y que será para él, motivo de nuevas creaciones. Respirar el aire de la fábrica, del campo, del local obrero, de las casas del pueblo, ¡allí reside la gran materia artística y literaria de este tiempo!”

Sobre el cierre de su conferencia, Gómez, invita abiertamente a los presentes a abrazar la bandera del partido e integrar sus filas.

Confrontando con las patrañas que difunden las clases dominantes acerca de que el partido coarta la libertad de los artistas y los somete a una disciplina castrante, nuestro autor enfatiza:

“Nadie goza de más libertad, realmente, que los afiliados al Partido Comunista, ellos obedecen a una disciplina consciente de clase y de partido, libre de las maniobras de que son víctimas la mayoría de los hombres y mujeres en el camino de la vida (…)  Es una disciplina que engrandece y enaltece, que no priva ni privará jamás al hombre de sus iniciativas, sino que por el contrario, desarrolla la iniciativa, la agranda, la recoge y transforma en un elemento de elaboración colectiva.”

La actividad culminó con una masiva adhesión de los intelectuales al partido y en el mismo acto ofrecen sus poemas, cuadros y grabados a los trabajadores.

Sería tedioso en los necesarios límites de este artículo reproducir los nombres de todos los nuevos miembros, por su relevancia elegimos apenas algunos de los más representativos, Dumas Oroño, Vicente Martin, Atahualpa del Cioppo, Amalia Polleri, Selva Márquez, entre otros. A los que debemos sumar nombres como los de Francisco Pintos (el único uruguayo que conoció a Lenin), o el Ingeniero José Luis Massera que ya eran miembros del partido.

Defendiendo su afiliación al partido Atahualpa del Cioppo dice:

“Al dar pan y cultura para asegurar la paz y la libertad de los pueblos, el comunismo se convierte en el gran abanderado de la justicia social. Y nos incorporamos a sus filas para no traicionar el porvenir ni traicionarnos a nosotros mismos”, por su parte la arista plástica Amalia Polleri sostiene (…) Ingreso al Partido Comunista porque en él la investigación de la verdad está de acuerdo con lo bello y lo bueno, con un sentido universal.”

Entre los presentes en la conferencia se encontraba Serfin J García quien hasta donde sabemos nunca se afilió, pero hizo pública su simpatía y amistad con el partido y ofreció un poema titulado Romance de la Buena Esperanza que fuera publicado junto con la conferencia de Eugenio Gómez.

Hoy, en tiempos de intelectualidad domesticada y asalariada del pensamiento oficial, en tiempos de promoción de la cultura chatarra y alienante, nos parece pertinente rescatar del olvido estos episodios históricos.

La sociedad del “pan y las rosas”, para utilizar la feliz definición de Marx, requiere con premura el encuentro entre la ciencia, la cultura y las artes con el movimiento obrero.

En la superación del divorcio entre el trabajo intelectual y el trabajo manual se juega buena parte del futuro del socialismo.

Aspiramos a que este modesto aporte contribuya a despertar en los lectores la avidez por el conocimiento y la sed por la cultura.

Gustavo López
Militante con gran trayectoria sindical y social desde los últimos años de la dictadura.

1 COMENTARIO

  1. Para lograr esa sociedad es necesaria toda presencia social, cultural, artística,…. Sin cada uno de los estamentos que componen esa sociedad no se organiza ni construye igualdad.ni justicia
    Salud Gustavo… Siempre haciendo pensar y analizar…

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