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PIT-CNT acuerda rebaja salarial

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Claudicación sin lucha de la dirección del movimiento sindical

En un hecho sin precedentes en la basta y rica historia del movimiento obrero en nuestro país, la dirección del PIT-CNT acordó y firmo con el gobierno multicolor y las cámaras empresariales la rebaja salarial para cientos de miles de trabajadores. El acta de acuerdo suscripta establece un “acuerdo puente” por un año con un ajuste de 3% en enero del 2021 y de 4% para los salarios de infra consumo (menos de 18.000 pesos). Con una inflación que ronda el 11% queda nítidamente claro que un ajuste del 3% constituye sin eufemismos una brutal rebaja salarial para los más de 150 grupos de actividad cuyos convenios vencen en estos meses.

Cuando los salarios ajustan por debajo de la inflación se pierde poder de compra, dicho de otro modo, el aumento de precios va confiscando cotidianamente el salario de manera que con la misma porción del sueldo se comparan cada vez menos productos, en resumidas cuentas, el trabajador es más pobre cada día.

El documento de acuerdo tripartito sostiene que durante el 2021 se produciría un nuevo ajuste al que se le restaría los puntos de caída del PBI, otra nueva rebaja salarial.

Por este mecanismo se produce una transferencia real de recursos desde los bolsillos y las despensas y las ollas de los trabajadores hacia las cuentas bancarias de los empresarios. Consolidando una redistribución regresiva del ingreso que incluso si se llegara a la recuperación económica el salario seguiría teniendo la misma participación en el PBI.

Es inocultable la algarabía de las cámaras empresariales con este acuerdo que le garantiza la rentabilidad y una vez más traslada todo el peso de la crisis sobre la clase trabajadora.

Las clases dominantes -que históricamente sufrieron de los que podemos denominar el “síndrome de Magdalena” en alusión a aquel personaje bíblico que se pasaba la vida llorando-, en esta oportunidad brindan extasiados por el logro obtenido sin resistencia, y si esto no fuera suficiente, recurrirán como vemos en el mundo, al aporte del Estado para que salve su tasa de ganancia con nuevos beneficios o con intervención directa inyectando recursos públicos.

Tal como lo definieran con prístina claridad Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848, el Estado moderno no es más que “la junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”.

Con los clásicos del pensamiento socialista aprendimos que el capitalismo resuelve sus crisis (temporalmente) destruyendo fuerzas productivas, condenando a millones de personas a la miseria y centralizando cada vez más la producción.

En un país con 200.000 trabajadores en el seguro de desempleo, con 100.000 nuevos desocupados, con decenas de miles de cuentapropistas y changadores, con niveles de desempleo juvenil alarmantes y con un proceso de desindustrialización acelerado, firmar la rebaja salarial no es otra cosa que profundizar la brecha económica y condenar a cientos de miles de familias obreras a condiciones materiales de existencia aún más miserables.

Para llevar adelante esta inadmisible conducta la dirección del movimiento sindical pretexta que es necesario cuidar el empleo y ser responsables en esta particular coyuntura planetaria. Debemos decir con total contundencia que no hay ninguna garantía en el marco del capitalismo que determine que bajando el salario crece el empleo, mucho menos en una economía primarizada como la nuestra. Solo desde una ingenuidad propia de la más cándida infancia se puede sostener que las patronales tendrán una actitud de misericordia con los trabajadores y van a resignar rentabilidad en aras de mantener los empleos.

No creemos que los firmantes del documento en cuestión sean ingenuos, sino que se trata de operadores de la burguesía en el movimiento obrero y entender esto es de cardinal importancia.

Veamos un ejemplo concreto que ilustra lo antes señalado, en nota publicada por el diario El País el pasado 7 de julio, el presidente del PIT-CNT Fernando Pereira, (espada mayor de esta cruzada contra el salario), sostuvo que se privilegió el empleo por sobre el salario, unos renglones más abajo consultados sobre si se garantizan los puestos de trabajo, tanto el presidente de la cámara de industrias Gabriel Murara, como el presidente de la cámara de comercio Julio Lestido contestaron con un rotundo NO.

La falsa dicotomía entre trabajo y salario solo es funcional a los intereses de los explotadores, en la sociedad de clases, salario y trabajo son un todo indivisible.

Solo en la sociedad emancipada donde no exista la apropiación privada del trabajo social, donde se produzca para satisfacer las necesidades humanas (las del estómago y las del espíritu), donde el trabajo deje de ser una actividad alienada y un calvario para millones de personas para pasar a ser la actividad creadora y libre que encuentra al individuo consigo mismo, solo cuando cada quien aporte de acuerdo a su capacidad y reciba de acuerdo a su necesidad, podremos decir que trabajo y salario no están indisolublemente unidos.

Un movimiento sindical que admite la rebaja salarial se desnaturaliza y promueve una enorme resignación entre las masas. Una derrota sin lucha es en esencia desmoralizante. El gobierno y las cámaras empresariales consiguieron una victoria sin resistencia ni lucha de los trabajadores producto de la actitud genuflexa de los dirigentes sindicales.

Mientras las direcciones oportunistas del movimiento sindical sigan sintiéndose responsables de jugar un rol pro activo en el pacto social, mientras se promueva la conciliación de clases, mientras se piense al movimiento de los trabajadores como un colaborador pasivo del capital y no como su otro antagónico, seguiremos presenciando más derrotas y resignación.

Ciertamente el movimiento sindical no es un bloque monolítico ni homogéneo, intervienen en él distintas corrientes de opinión y múltiples alineamientos políticos.

Las minorías clasistas que se oponen a la conducción mayoritaria presentaron en la Mesa Representativa una moción alternativa que resultara derrotada por amplia mayoría como era de prever.

Estos sectores en donde coinciden no sin tensiones distintas expresiones del “clasismo” son en general compañeros honestos, solidarios y luchadores con muchos de los cuales compartimos militancia social y sindical durante décadas, no obstante, parten de una caracterización equivocada del oportunismo y la democracia sindical. Muchas veces parece que creyeran que los oportunistas son un sector intermedio entre la burguesía y nosotros a los que habría que convencer y acercar a la posición correcta. La historia muestra sobradas evidencias y se cuenta con profusa producción teórica para comprender que el oportunismo es siempre un agente de la burguesía en el seno del movimiento obrero y como tal deber ser tratado.

No se trata de una limpia disputa de posiciones en donde se gana o se pierde, una propuesta de rebaja salarial no debe ser legitimada por una minoría que sabiendo que cuenta con una correlación de fuerzas desfavorable no puede aceptar una mayoría que atenta contra los intereses concretos e inmediatos de los trabajadores.

Una actitud correcta frente a la propuesta de la mayoría conciliadora pasa por retirarse de ese ámbito (la Mesa Representativa) y exigir un proceso de asambleas sindicales en todo el país, o un congreso extraordinario para laudar con los trabajadores el tema.

Es urgente recuperar los sindicatos para la lucha y construir un amplio arco de fuerzas capaz de poner en pie un plan de lucha contra la rebaja salarial y en defensa de las conquistas de la clase obrera con la lucha de los trabajadores.

Frente a tanta entrega premeditada se impone hacer realidad la justa sentencia de Lenin:

“(…) tenemos la obligación de reconocer la necesidad de una ruptura completa y absoluta con el reformismo y con la línea política de centro (…) Sin esto no es posible ninguna línea política coherentemente comunista”.

Gustavo López
Militante con gran trayectoria sindical y social desde los últimos años de la dictadura.

1 COMENTARIO

  1. Comparto, aunque el redactor de la nota, querido compañero, se haya bandeado y pasó de la lucha de clase a la lucha por un escaño en el parlamento burgués.
    Difiero en la propuesta. Convocar a un Congreso con los actuales Estatutos, es más de lo mismo.
    Tal vez en estas horas de derrota, tengamos que generar fuerza en las bases, resistiendo para construir un músculo y fortalecerlo. No estamos en contexto del pensamiento expresado en la cita de Lenin.

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