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Ley de Urgente Consideración: ¿es urgente enfrentarla?

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El envío al parlamento de la anunciada Ley de Urgente Consideración (LUC) ha tenido una serie de repercusiones a nivel sindical que hay que analizar con atención.

En el movimiento sindical se está planteando que los sindicatos se posicionen rechazando la LUC, reproduciendo el discurso que desde la dirección central del PIT-CNT se viene repitiendo basado en la dicotomía entre el “avance conservador” y “el bloque social de los cambios” que incluyó a los gobiernos del Frente Amplio.

Esta fuerza política saliente del gobierno ha buscado colocar a la LUC como un tema central. Por un lado se refieren a algunos aspectos parciales del proyecto de ley y por otro se desentienden de lo que ellos mismos llevaron a cabo desde la gestión de gobierno sobre muchos temas presentes en esta misma ley,

Hasta el momento el tema viene siendo colocado desde las elites políticas y las direcciones sindicales, sin tener un alcance de masas, sin que haya sido puesto en el orden del día en los espacios de base de los trabajadores. A su vez, existen quienes quieren honestamente enfrentarse al gobierno a través de la LUC y ser críticos al mismo tiempo con la dirección mayoritaria del PIT-CNT, son compañeros valiosos que lamentablemente terminan en acciones más simbólicas que efectivas y legitimando a la propia conducción que critican.

Pero al mismo tiempo que desde la conducción del movimiento obrero se propone unir a todo el mundo detrás de la lucha contra la LUC, la crisis económica acelerada por la pandemia ha traído un aumento el desempleo, crece la cantidad de trabajadores en el seguro de paro, sigue el proceso de desindustrialización, continúan cerrándose establecimientos productivos, aumentan los costos de los productos de primera necesidad, etc., es decir los grandes temas que hacen a la vida material de los trabajadores no se están planteando como una prioridad.

Es por esto que en el contexto actual plantear que el anteproyecto de la LUC debe tener una centralidad para los trabajadores, es subordinarse a los ejes políticos que imponen los partidos del gobierno y también de la oposición. En particular estos últimos, en su intento de aglutinar actores contra la misma tienen claramente el objetivo de recomponer sus fuerzas y de reiniciar un proceso de acumulación hacia la próxima instancia electoral.

Pero si bien no creemos que este proyecto tenga centralidad, ni podemos tomarlo como definitivo, sí podemos ver en el mismo algunas de las líneas más importantes que va a impulsar el nuevo gobierno.

Enviar tantos cambios y sobre tantos temas distintos en una sola ley y utilizando el carácter urgente limita mucho la posibilidad de discutir correctamente cada tema y puede catalogarse de poco democrático.

Pero tampoco haciendo la anterior afirmación se puede suponer que el resto de las leyes que se discuten en el parlamento sí se aprueban con el respaldo de un amplio debate y participación.

También debe señalarse que esto no es nuevo, el gobierno anterior lo hizo en las leyes de presupuesto y rendiciones de cuentas, que son las otras que tienen plazos para el parlamento, donde además de legislar sobre el presupuesto también enviaba en el “paquete” un montón de cambios de leyes diversas, es decir lo que hoy el nuevo gobierno pretende hacer con la ley de urgencia el anterior, lo hicieron los gobiernos anteriores con las leyes de presupuesto, que llegaron a tener entre 300 y 500 artículos también.

Lo concreto de la LUC

En materia de seguridad existe una clara intención de seguir aumentando penas y la capacidad de acción de la policía, si bien nada es realmente muy diferente a lo que se venía impulsando, sí es claro que se va a crear un marco que será interpretado como mayor libertad de represión para la policía, incluyendo el gatillo fácil y la arbitrariedad para detener personas.

En educación si se lee fríamente lo que se busca cambiar respecto a la Ley de Educación vigente, efectivamente se puede ver una regresión. En los hechos reales y prácticos los cambios no son demasiados pues la Ley de Educación del 2008 fue muy mala y la mayoría de lo que ahí dice nunca se implementó, lo que hacen ahora es eliminar mucho de lo que en realidad nunca se concretó.

Existe en este tema además cambios negativos que cumplen la intención histórica de la derecha de incluir en los organismos asesores para la educación a la enseñanza privada, y a la formación policial y militar. Hay también cosas concretas como habilitar más expresamente la mercantilización de la educación, pero en los hechos sabemos que la misma viene avanzando más allá de lo que está escrito en las leyes.

A la Universidad de la República se le modifica su Ley Orgánica sin consultarla, pasando al MEC la revalidación de los títulos.

Un ataque directo a una empresa pública como ANCAP es la desmonopolización de los combustibles, tras el rechazo de varios partidos de la Coalición, es muy posible que este aspecto no termine siendo aprobado.

Aparece fuerte la “previa” a una discusión sobre cambios a la seguridad social. Es claro que se pretende avanzar a una reforma de la misma de carácter regresivo, pero llama la atención la tibia respuesta que se da a esta parte tan trascendental de lo que puede ser la política del nuevo gobierno. Deberíamos centrarnos en no legitimar que se instale la idea de que es necesario una reforma de la seguridad social en donde no se modifique el régimen mixto y eliminen las AFAPs.

En vivienda varios artículos hacen suponer que va a haber una política importante de construcción. En salud tiene cosas novedosas, entre las que busca legislar sobre medicamentos y tratamientos de alto costo. Quizás estos dos aspectos son donde va a centrar el nuevo gobierno sus políticas sociales.

Lo más fuerte de la ley es en las relaciones laborales, donde aparece el derecho de huelga y la “libertad de los no huelguistas” de ir a trabajar, esto da respuesta a una reivindicación del sector privado de generalizar en gran medida la prohibición de las ocupaciones de los lugares de trabajo, lo que ya ocurre en el ámbito público a partir del decreto 354 del año 2010, bajo la pasividad de la dirección del movimiento sindical.

La intención de regular las formas de lucha de los trabajadores, haciéndolas más restrictivas debiera ser tomado como una declaración de guerra contra nuestra clase, justamente solo este punto debería ameritar un plan de lucha para que esto no sea aprobado.

A modo de conclusión

La LUC es efectivamente regresiva en muchos aspectos, sobre todo en seguridad, educación y relaciones laborales, pero es necesario plantear que lo que está en el proyecto es una continuidad y como mucho una profundización en cada una de estas áreas de lo que ya se venía haciendo.

También se plantea juntar firmas para un referéndum para derogar la LUC una vez aprobada. Si se hace contra la ley en general, es fácil que se le encuentren varias partes que puedan generar simpatía en muchos sectores populares, por lo que otra posibilidad que puede existir es juntar firmas contra algunos artículos en concreto, pero no se ve claramente que haya alguno por el cual la gente se volcara masivamente a firmar. Nos parece que si la juntada de firmas sucede, en todo caso será presentado como una juntada de firmas general contra el “modelo neoliberal”, nuevamente buscando la acumulación electoral.

Es necesario rechazar todo lo regresivo que se incluye en esta ley, desde el punto de vista de los trabajadores, tanto en los aspectos represivos, los ataques a las libertades sindicales, a la Educación Pública, etc. A la vez hay que ser cautos con temas sensibles como la vivienda o el acceso a tratamientos y medicamentos de alto costo.

Es preciso señalar también la hipocresía, de quienes dejaron el gobierno, en desligarse de las políticas que aplicaron durante su propia gestión y también de la inconsistencia de no tener planteos concretos, reforzado por el hecho de que varios legisladores del Frente Amplio anuncian que votarán artículos de la LUC, incluso los referidos a seguridad y educación.

Encolumnarse detrás de la batalla contra la LUC de manera general es un profundo error, en un año donde se vencen los convenios en los consejos de salarios, cuya renovación automática como plantea la dirección del PIT-CNT significa en los hechos una pérdida de salario real pues fueron desindexados el periodo anterior. Donde además se define el presupuesto nacional y las inversiones de las empresas públicas con un gobierno que ya anunció una baja de al menos 15% de la inversión de las mismas y reducción de la plantilla de funcionarios, elementos todos que repercutirán en la calidad de los servicios que brindan.

Más aún cuando se plantean medidas de lucha que no tienen efectos reales, como convocar a un paro general por 24 horas, que desde ya se sabe no impedirá que la LUC sea aprobada, pero que es utilizado como parte de la construcción de ese relato que se busca sostener con el fin de juntar votos para las elecciones del 2024.

Tenemos que contrastar los relatos sindicales oficiales con la realidad, para dejar de lado consignas que suenan lindas pero están vacías de contenido y acciones reales.

El movimiento sindical debe dejar de tener como eje de su accionar la conciliación de clase y pasar a defender sus propios intereses, no estamos para ser el muro de contención de la lucha popular, para que ésta luzca “respetable” y para lograr conquistas estériles que con un cambio de viento se desarman enseguida.

Los años de ese método de conducción han dejado sindicatos más débiles, han vaciado de contenido la discusión entre los trabajadores, han provocado la confusión y el descreimiento entre los mismos.

Para quienes buscamos un sindicalismo distinto, la LUC es rechazable, pero las prioridades están en aquellos problemas que acucian a los trabajadores en su realidad material y concreta, luchando por la solución de los mismos con el deber de dar a ello siempre una perspectiva de clase. Avanzando hacia la solución real y definitiva de los problemas de los trabajadores, que sólo puede darse por la superación del actual modo de producción basado en la explotación.

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