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La izquierda, la nueva ideología de la pequeña burguesía

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La coyuntura actual en nuestro país está marcada por el agravamiento de la situación económica que golpea los niveles de vida de la clase trabajadora. Se pierden empleos, se reduce el poder de compra de los salarios, empeoran las condiciones de trabajo en un proceso de precarización y reciclaje de puestos de trabajo, entre otros. Sin embargo, las organizaciones sociales que al menos formalmente representan a los trabajadores, impulsan una serie de luchas secundarias y en muchos casos diversionistas. Y si en alguna ocasión se impulsa una lucha que puede reflejar los intereses de los trabajadores, la misma se plantea con una consigna genérica, centrándola en enfrentar al gobierno, con un fin evidente de acumulación electoral.

Por ejemplo, se propone la lucha contra la Ley de Urgente Consideración como central para los trabajadores, pero no se esclarece contra que parte en particular, se busca hacerle una crítica genérica como neoliberal, criticar así al gobierno de la misma manera, en oposición a los gobiernos progresistas del Frente Amplio, que se presentan como un modelo diferente, no neoliberal. Sin embargo, la mayoría de los actores que hoy critican muchos aspectos de la LUC no tuvieron las mismas preocupaciones cuando los gobiernos progresistas impulsaron la militarización de la policía, la “mano dura” que se expresaba en el endurecimiento de la penas, la privatización de las empresas públicas a través de tercerizaciones y PPPs, la mercantilización de la educación, entre muchos otros aspectos. Por eso, todo este discurso no busca realmente enfrentar la LUC en sí, que refleja políticas que los gobiernos de todos los colores vienen impulsando, sino que la lucha que en este caso se propone, es accesoria a construir un relato, contra lo “neoliberal”, por la vuelta al progresismo.

Esta contradicción entre los problemas reales que vive la clase trabajadora, y la agenda que viene imponiendo el progresismo en el movimiento social en el escenario político actual, se explica por la situación y el rol que están jugando las diferentes clases sociales. El problema no son estas luchas, sino que las mismas, en un contexto donde la clase trabajadora y otros sectores sociales están sufriendo un importante ataque a sus condiciones de vida, sean las luchas que están en un primer plano en sindicatos, gremios y partidos políticos tradicionalmente ubicados en la izquierda. Esto se explica en que el sector social que las impulsa y que hoy tiene una hegemonía en el movimiento social cuenta con su vida material resuelta en cierta manera, nos referimos a un gran sector de la pequeña burguesía que se define como de izquierda. Un sector que hoy en día tiene un protagonismo desmedido en relación a su peso económico y social real, lo que explica porqué ninguna de estas luchas logra una victoria.

La pequeña burguesía es una categoría que por desconocimiento se la asocia en algunos casos a una idea de burguesía “pequeña”, pero esto es un error, la pequeña burguesía hace referencia a todo un sector social intermedio, heterogéneo, que no es parte del proletariado. Nos referimos a los pequeños comerciantes e industriales, que trabajan ellos mismos (que tienen condiciones de vida iguales o hasta algunas veces peores que una parte de la clase trabajadora), incluye a una parte importante de los profesionales, que ya no ejercen de manera libre su profesión “sin patrón” sino que en su mayoría son ahora asalariados en distintas empresas de las más diversas disciplinas (desde la salud, la ciencia, la ingeniería, etc.), e incluye también a los maestros y docentes, a los empleados del Estado; exceptuando los que trabajan en las empresas públicas que producen y están vinculados directamente a la producción.

La hegemonía de este sector y de su visión de la sociedad es tan grande en el movimiento social y en lo que se llama izquierda, que prácticamente convirtió a esta en su ideología, la travistió para que exprese su modo de pensar y vivir, eliminando todo aspecto auténticamente proletario que podría tener, consolidándose en lo que muchas veces a efectos prácticos denominamos de manera amplia progresismo. Puede ser que algún partido o persona afirme que el progresismo no es de izquierda, o plantea en este sentido, que en otro momento existió otra izquierda muy diferente a la actual, pero al hacer esto cae en una posición además de ingenua, sin sentido, a los efectos de cómo están posicionados los distintos actores en el escenario político. Por un lado la derecha tradicional identifica progresismo con la izquierda -es claro además que le conviene debatir con una caricatura-, y por otro, a la persona de a pie cuando le hablan de izquierda, asume como tal, al progresismo.

Un rol importante en este proceso ha tenido sin duda la Universidad, una institución estatal que desde diferentes formas, sea a través de convenios, de extensión universitaria, de la presencia de profesionales en distintos ámbitos, de ONGs, de asesoramiento y otros mecanismos, ha venido influyendo en el movimiento social, haciendo de palanca de transmisión de las teorías burguesas de moda hacia el mismo. Sin dudas la academia, que tiene por estar en una institución estatal, un carácter de clase, ha tenido un rol, codo a codo con el oportunismo, en el desarme ideológico de la clase obrera.

Aunque la pequeña burguesía no puede tomarse como una clase homogénea, como decíamos, una parte importante ha asumido y militado lo que muchos llaman izquierda, la tradición que asumen como propia desde este punto de vista se asocia a luchas históricas del pueblo y la clase trabajadora -aunque lo histórico se toma en el sentido de un relato de autoreferenciación vaciado de contenidos y análisis. Y como es propio de este sector, está muy poco interesado en la superación del capitalismo, cosa que en la tradición que toman podría entenderse, al menos desde algún punto de vista, como un aspecto necesario, por lo que ha puesto como enemigo principal al neoliberalismo, una versión mala del capitalismo, y a veces al fascismo –que ve en todos lados y que a veces para esta izquierda son lo mismo con el neoliberalismo-, es que las categorías para este sector de la pequeña burguesía que se define como de izquierda siempre son accesorias a su relato, que expresa su proyecto, el sueño de vivir como burgués, pero con la conciencia tranquila.

Dentro de este sector de la pequeña burguesía hay que resaltar el ejército de funcionarios rentados de sindicatos y personas que viven de cargos políticos, a quienes históricamente se ha denunciado el ser la base del oportunismo político, y son sin duda los que han jugado un papel determinante en la descomposición de muchos partidos que han tenido tiempos más dignos en su historia. ¿Cómo compatibilizan estas personas integrar estos partidos con su tradición revolucionaria, con mantener sus niveles de vida que dependen de la burocracia sindical y del Estado, que supuestamente tiene un carácter de clase burgués? Definiéndose en eso tan amplio y vago que se dice izquierda. Así, partidos que en otrora fueron marxistas hoy se reducen a partidos keynesianos con cierta sensibilidad social.

Entonces, la primera nota más importante de la coyuntura es la hegemonía del progresismo en el movimiento social, que expresa un movimiento pequeño burgués y burgués, la asunción por este sector social de la izquierda como ideología propia, o dicho esto último de mejor manera: asume la tradición de la izquierda, que representa diferentes luchas populares que a lo largo de la historia se han dado, la interpreta y traviste, y luego la intenta imponer al resto del movimiento social y popular –por usar un concepto vago pero útil-, como la única visión que puede reflejar las necesidades de las amplias mayorías de trabajadores. Una visión ingenua, como decíamos más arriba, puede entender que hay un retroceso con respecto, por ejemplo, a la historia del Frente Amplio, puede pensar que esta fuerza política era algo en un principio y que luego se descompuso, nada de eso, esa visión refleja una incomprensión de cómo juegan las clases sociales en la política en nuestra historia. El Frente Amplio refleja las aspiraciones y proyectos de la misma clase social, en los 70 y hoy, lo que ha cambiado es el contexto y las influencias en los diferentes momentos.

Este punto merecería sin dudas un abordaje particular, el espacio no nos alcanza para decir todo lo que querríamos, solo queremos aclarar que todo planteo que sea volver a los orígenes del Frente Amplio, es un planteo tramposo. Creer que el contenido de esta fuerza política se modificó es un error, el impulso del Frente Amplio que tuvo cómo uno de sus protagonistas al PC revisionista de Arismendi, se basó desde un comienzo en la unidad sin principios. Por eso la declaración constitutiva llama básicamente a unir a todos los orientales en planteos programáticos vagos y con consignas generales. Si bien como fuerza política logró resumir el descontento popular frente a las políticas de ajuste fondomonetarista de los años 90, su gobierno expresa netamente la ausencia de un planteo de ruptura con lo sustancial de las políticas que se vienen impulsando desde la salida de la dictadura. Y el contenido particular de la política de esta fuerza política, expresa la idea utópica de la pequeña burguesía, de sin cuestionar las relaciones capitalistas de producción y el rol que la división mundial del trabajo impone a nuestro país, se puede, apelando a una política social de asistencialismo y una mejor redistribución entre la masa salarial, lograr un desarrollo capitalista armónico, donde convivan pacíficamente las clases antagónicas, la pérdida del gobierno por parte del Frente Amplio, expresa en buena medida el fracaso de esta utopía, que si bien en algunos años extraordinarios con determinada bonanza pudieron presentarla como posible a la sociedad, la normalización del desarrollo capitalista de crisis y ajuste las termina de desacreditar.

La segunda nota –quizás la más importante- es la ausencia de la clase obrera organizada de manera independiente en la escena política. Si bien el progresismo logra ponerla en su cola por momentos, es decir, la logra movilizar pero no para defender sus intereses –los de la clase trabajadora-, hoy es un sector social que casi no está interviniendo en la política nacional. Una muestra de esto es la forma tan explícita en que la dirigencia sindical está llevando adelante un pacto social sin precedentes donde sin lucha se asume una rebaja salarial. La respuesta a esto ha sido casi nula por parte de los trabajadores. Hoy la clase trabajadora no está pudiendo en medio de un contexto donde sus condiciones de vista están siendo atacadas, dar una respuesta a la altura.

Por desgracia la mayoría de partidos que se ubicaban por fuera de las estructuras orgánicas del progresismo, que tenían un perfil crítico con el mismo y se reivindicaban clasistas, fueron poco a poco claudicando y sumándose al torrente de luchas y actividades que éste viene imponiendo, asumiendo su agenda y las distintas modas que aparecen. Pero, aunque el escenario puede presentarse complicado para las fuerzas que busquen construir una alternativa a las ideas hegemónicas presentes en el movimiento social, con una perspectiva de clase, que busque superar las relaciones capitalistas actuales y se plantee el problema del Poder, las tareas que nos impone la realidad se desprenden del análisis de la coyuntura y en algún grado parecen evidentes. Quizás la única condición para asumirlas es romper con un conjunto de dogmas, cual santos de la izquierda, hemos venido asumiendo como verdaderos e intocables.

La construcción de una alternativa pasa porque las fuerzas políticas del proletariado, que asumen los puntos de vista del marxismo-leninismo encaren hoy por hoy un trabajo paciente, de hormiga, que tenga en cuenta la situación actual de la clase trabajadora, sus grados de conciencia y participación, en lo que hay que tener en cuenta el rol de zapa del oportunismo que ha diezmado al proletariado. Se hace necesario descartar sumarse a muchas de las luchas que se presentan hoy día en el movimiento social, que no expresan en sus contenidos, las perspectivas de clase que defendemos. Es vital también rechazar todas las modas que se nos presentan y que se vienen imponiendo rápidamente como las verdades válidas y universales. Hay que reconstruir las perspectivas de la revolución socialista en nuestro país, eso implica un programa y una lucha contra los programas de las otras clases sociales, que buscan poner a su servicio a la clase trabajadora. La tarea de construir una alternativa a lo que hoy se presenta como hegemónico, de construir una perspectiva socialista de la lucha, pasa por un gran esfuerzo teórico y práctico, y pasa hoy en día como romper con la izquierda, porque es una ideología que ya no representa ninguna propuesta superadora.

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