Inicio Economía La Industria Frigorífica y la lucha de los trabajadores

La Industria Frigorífica y la lucha de los trabajadores

0

“.. Aquella otra res que recibió el marronazo en plena frente, de dos dedos de espesor, mientras entraba al tubo desconfiando porque allí no había pasto, alcanzó a comprender que había otra res delante, balando, que ya se la llevaba el gancho… Y cayó detrás, también, y el cemento tembló bajo esos huesos… Aquella otra res, que esquivó el marronazo y que cayó también, con un ojo reventado una guampa partida, deshecha, también cayó y tembló la tierra, tembló el marrón, tembló el marronero; la res, murió temblando de dolor y de miedo… De un marronazo en plena frente for export del Uruguay.”
Alfredo Zitarrosa

Ninguna actividad productiva ha tenido tanta significación e importancia histórica en la vida del país como la industria frigorífica. Podríamos afirmar sin un ápice de exageración que buena parte de la identidad idiosincrática y cultural de los uruguayos está en alguna medida determinada por su relación con el mundo ganadero y su peso en la estructura económica.

Con una población aproximada de 3.400.000 personas, Uruguay tiene 13 millones de cabezas de ganado, es decir cuatro veces más vacas que gente. Exportamos el 70% de nuestra producción a más de 100 países, existen aproximadamente 40 plantas frigoríficas habilitadas para faena, 25 de ellas exportan y 19 acceden a la Unión Europea, poseemos uno de los volúmenes de consumo de carne por persona más alto del mundo y hay cerca de 3.000 carnicerías registradas. El proceso económico de nuestro país se encuentra indivisiblemente unido a los avatares de esta industria desde sus albores hasta el presente.

Una singularidad de la colonización en esta región del planeta lo constituye el hecho que la principal riqueza, el ganado ovino, fue introducida por los propios colonizadores aprovechando las excepcionales condiciones de nuestro suelo y nuestras pasturas. En 1611 llegan los primeros ganados a esta zona y pronto se comienzan a procesar los cueros y la grasa en la elaboración de sebo. Ya en el siglo XVIII se crean los primeros saladeros y una vez que los avances de la técnica y la ciencia resolvieron la cadena de frío, se instalan las primeras plantas frigoríficas.

En 1863, la Liebig Extract of Meat Company (Compañía Liebig de Extracto de Carne) fundó una fábrica a orillas del río Uruguay y comenzó a producir “extracto de carne” usando una técnica patentada por el pionero alemán Justus von Liebig. A medida que trabajadores de Uruguay y otros países fueron llegando, una ciudad comenzó a crecer alrededor de la fábrica dirigida por alemanes y financiada por británicos. Poco después, Liebig empezó a producir otro popular producto con los cortes baratos: corned beef enlatado.

Los cubos de caldo Oxo y el corned beef se convirtieron en la materia prima de la cocina de la clase obrera a lo largo de Europa, para quienes hasta entonces la carne era un producto de lujo. Asimismo, se convirtieron en raciones baratas, fáciles de cargar y con extensas fechas de vencimiento para los soldados británicos y alemanes durante la Primera Guerra Mundial.

En 1924, la empresa fue comprada por la compañía British Vestey Group (Grupo Británico Vestey) y rebautizada Frigorífico Anglo del Uruguay. Gracias a los rápidos avances de la tecnología de refrigeración, “El Anglo” comenzó a exportar carne congelada a distintas partes del mundo, así como también Oxo, corned beef y más de 200 otros productos, desde cuero hasta jabones, pasando por salchichas y mermeladas.

Solo en 1943, 16 millones de latas de corned beef partieron de Fray Bentos, en su mayoría, con el objetivo de alimentar al bando Aliado en la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces se conoce al Anglo como “la cocina del mundo”

En 1902 comienza a producir el Frigorífico Uruguay. En 1911 la compañía Swift de capitales norteamericanos adquieren el saladero Cibils y comienzan la faena industrial y posteriormente, el Frigorífico Artigas en el Cerro de Montevideo en 1917. En 1924 capitales británicos se hacen cargo del Anglo. Finalmente, en 1928 se funda el Frigorífico Nacional como ente testigo y se le asigna el monopolio del abasto en Montevideo.

Como vemos, la inversión extranjera directa está presente en nuestro ciclo industrial desde hace siglos, y las empresas que producen los principales productos que el país exporta están en manos de capitales extranjeros. En la actualidad y en el marco de un acelerado proceso de extranjerización de la tierra y la industria, los capitales brasileños controlan el complejo cárnico del Uruguay, manejando el 48% de la faena y el 60% de las exportaciones.

La relación entre la producción ganadera y las clases dominantes en nuestro país es una relación indisoluble, en 1870 conjuntamente con el surgimiento de los primeros sindicatos, nace la Asociación Rural del Uruguay, la entidad asociativa de las clases dominantes más influyente en la historia política y económica de esta comarca.

Durante el período transcurrido entre la segunda mitad del siglo XIX y el alba del siglo XX se producen en nuestro país importantes transformaciones tanto en su estructura económica, como en su ordenamiento jurídico estatal. En cincuenta años el país se recuperó de la Guerra Grande de 1836-1851, sufrió nuevos enfrentamientos civiles y golpes de estado, vivió la caída de Paysandú, la agresión genocida contra el Paraguay, el militarismo y la Reforma Vareliana, la gesta de Saravia, y finalmente el apogeo de Batlle y de la inmigración europea.

En efecto, en esos años las clases dominantes redefinen el modelo de país en arreglo con las mutaciones que se venían produciendo a escala planetaria y en el marco de una profunda crisis que amenazaba con comprometer el estándar de vida de la aún débil burguesía local. El Uruguay comienza a transitar el camino de la integración a la Economía Mundial en medio de un acelerado proceso de cambios.

En el núcleo central y estructurante de estas transformaciones, debemos ubicar el alambramiento de los campos (desde 1870) con el fin de la estancia cimarrona y la consolidación del latifundio, las leyes de protección aduanera, el desembarco de la inversión extranjera particularmente británica, el incipiente pero decidido impulso a la industria manufacturera, el exponencial crecimiento urbano producido por el éxodo del campo a la ciudad, el auge del comercio y la construcción, y la presencia de importantes contingentes de obreros calificados provenientes del Viejo Continente.

La inversión de capitales imperialistas fortalece el esquema de dependencia de nuestro país extrayendo la plusvalía de los trabajadores y produciendo una fuga constante de riquezas hacia el exterior.

Tanto las organizaciones sindicales como los partidos que se reclaman socialistas incluían entre sus postulados programáticos centrales la necesidad de nacionalizar la industria frigorífica a la que se la considera la industria madre de nuestro país.

Esta reivindicación se mantuvo a lo largo de todo el siglo XX, en la actualidad las fuerzas políticas del reformismo abandonaron este justo planteo y luego de 15 años de gobierno del Frente Amplio, con amplia legitimidad popular y mayorías parlamentarias se propició la extranjerización monopólica de la industria como nunca antes, ni siquiera un simple ente testigo como regulador del mercado interno fue implementado.

Se llegó incluso a aceptar y ampliar la cuota de exportación de ganado en pie a cifras record contribuyendo de este modo a la primarización económica y a la agudización del carácter dependiente de los grandes centros de poder de nuestra economía, golpeando fuertemente al trabajo y los trabajadores.

La lucha de los trabajadores de la carne

Resulta imposible estudiar el desarrollo de la lucha de clases en Uruguay sin reparar en la rica experiencia aportada a lo largo del tiempo por los trabajadores de la carne. Igualmente, imposible resulta reseñar el conjunto de luchas que protagonizaron estos trabajadores, de modo arbitrario y a los solos efectos del registro elegiremos algunos memorables episodios que marcaron el proceso de lucha y la identidad de la clase obrera en nuestro país.

Desde las primeras huelgas de los saladeros en el siglo XIX hasta la digna resistencia al golpe de 1973 podemos encontrar fuente de inspiración y referencia en las movilizaciones de los trabajadores de esta emblemática industria.

Recientemente, en ocasión de conmemorarse como todo 28 de mayo el día De Los Mártires de la Industria de la Carne, los trabajadores del frigorífico Canelones en lucha por sus fuentes de trabajo difundieron un texto que reproducimos por su valor testimonial e histórico.

“En el proceso histórico del Uruguay las luchas obreras de los Trabajadores de la Industria Frigorífica se destacaron desde las primeras décadas del siglo pasado. Los trabajadores más jóvenes deben saber que la industria frigorífica, surgió antes que la industria petrolera y automovilística no solamente en el Río de la Plata sino en el corazón del imperialismo norteamericano. En nuestro país, hubo varios muertos a manos de las fuerzas represoras y de los “carneros” por reclamar la jornada laboral de 8 horas. Entre los primeros estuvo Melanio Goró que fue asesinado en marzo de 1916 en el SWIFT (Cerro de Montevideo).

En la década del 50 los compañeros de la Industria de la Carne murieron por luchar en defensa de los derechos de nuestra clase, a consecuencia de la huelga de hambre otro compañero Rubén Paleo fallece el 19 de mayo de 1956.

Luego de una marcha a pie de 400 km el compañero Justo Páez de regreso a Fray Bentos cae del camión que los transportaba. Asesinan a Cesar Muñoz de una puñalada por un rompe huelga el mismo mes de mayo de ese año en el Frigorífico Nacional. A esta lista se le suman Walter Motta y Raúl Denis abatidos defendiendo los derechos de los trabajadores y principios sindicales.

El Congreso Nacional de delegados del gremio de la carne FOICA en primera instancia en 1957, luego reafirmado en 1958, decidió que cada 28 de mayo sea “el día de los mártires de la industria de la carne”.

Estos son los 5 mártires de la Industria frigorífica, Rubén Paleo, Cesar Muñoz, Justo Páez, Walter Mota y Raúl Denis”.

A los que corresponde sumarle el caso del obrero comunista Nuble Yic muerto a consecuencia de la tortura en 1976 en las instalaciones del Batallón de Infantería en el kilómetro 14 de Camino Maldonado.

Entre los conflictos que marcaron a fuego toda una época, se ubica la huelga de 1943 cuando en el marco de la segunda guerra mundial y en medio de una huelga los trabajadores comunistas cargan un barco inglés pretextando que el mismo trasladaba comida para el bando aliado que enfrentaba el nazismo, este episodio fue considerado como una traición a la huelga y determinó la ruptura con la UGT de la Federación de obreros de la carne. Como consecuencia de esta diferencia política y metodológica renunciaron también los dos dirigentes socialistas del comité ejecutivo de la UGT, José D Elia y Juan Acuña.

Los coletazos de este conflicto duraron décadas y la división se instaló entre los trabajadores del Cerro.

Mención aparte merece la huelga de 1969.

En medio de fuertes medidas de seguridad el gobierno emite un decreto eliminando la entrega de 2 kilos de carne por trabajador, conquista que tenía 25 años y que estaba integrada a los convenios de la industria.

Comienza una huelga que se extenderá por 4 meses con duros enfrentamientos con la represión. La huelga se concretó en todas las plantas de la industria, se calcula que 14.000 trabajadores participaron del conflicto gremial. El gobierno reprimió salvajemente a los campamentos y ollas sindicales destruyendo alimentos y confiscando enseres de cocina. Los trabajadores resisten particularmente en el Cerro con el apoyo de toda la barriada. El movimiento estudiantil organiza colectas en las esquinas de la capital y solventa con una suma importante de dinero a los huelguistas.

El movimiento obrero convoca a un paro general en solidaridad con los trabajadores y una multitudinaria marcha llega al cerro el 11 de junio para saludar la lucha y resistencia de los trabajadores.

Vinieron luego los años de la negra noche del fascismo y la dictadura y una vez más los trabajadores de la carne estuvieron a la altura que la hora demandaba, desde el comienzo de la huelga general contra el golpe y en la resistencia prolongada posteriormente.

A Modo de Cierre

El trabajo es la célula fundante de la sociabilidad humana, es desde el trabajo que el hombre se constituye como tal y es a partir del trabajo que el hombre transforma la realidad.

Federico Engels escribió un folleto titulado “El papel del trabajo en la transformación del mono en Hombre”, Carlos Marx dijo cierta vez refiriéndose al rol del trabajo “…el hombre piensa porque tiene manos”.

El capitalismo en tanto relación social fundada en la apropiación privada del trabajo social, condena a millones de trabajadores en el mundo a una existencia desdichada, a la miseria y el hambre.

Una sociedad emancipada devolverá al trabajo su lugar central dejando de ser un momento para la alienación y el sufrimiento para pasar a ser el espacio de la libertad y el encuentro del hombre consigo mismo y con toda su potencialidad creadora.

Quien suscribe, vivió los años más felices de su vida en la Villa del Cerro por lo que puede dar testimonio preciso de cómo la memoria de la industria frigorífica y sus luchas marcaron para siempre la identidad, los valores y la cultura del barrio.

Hoy, la realidad parece pedir a gritos volver a levantar la necesidad de poner bajo control del Estado y los trabajadores la industria de la carne y sus derivadas en el marco de un plan de desarrollo industrial que rompa definitivamente con la dependencia.

Pretendemos desde este portal seguir abordando temas vinculados al aporte y la historia de los trabajadores y sus organizaciones.

Gustavo López
Militante con gran trayectoria sindical y social desde los últimos años de la dictadura.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí