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En respuesta a Marcelo Abdala, un debate necesario

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En respuesta a Marcelo Abdala, un debate necesario

La historia del Movimiento Obrero desde su propia génesis está atravesada de sendos y apasionados debates.

La confrontación de ideas entre las distintas corrientes ideológicas que actúan en el seno de las organizaciones de los trabajadores es consustancial a la propia práctica sindical.

En nuestro país, el propio nacimiento de las primeras experiencias asociativas de los trabajadores está pautado por intensos debates.

La propia unidad sindical tal como la conocemos hoy fue el producto de un proceso de confrontación de ideas.

No exageramos si decimos que el movimiento obrero se marchita si no debate, se debilita si no contrapone puntos de vista y se desnaturaliza si no promueve la lucha de ideas.

En tal sentido, decía Antonio Labriola “discutir es condición de aprender y la crítica condición de toda superación”.

Nos proponemos en estas líneas dar inicio a un debate respetuoso, por lo alto, pero también franco y pasional con las expresiones vertidas en el marco de una entrevista radial por el Secretario General del PIT CNT Marcelo Abdala.

El eje de la deliberación que proponemos pasa por abordar el rol del movimiento sindical en la actual coyuntura y el modelo de acción sindical que debemos promover.

Comenzamos por reconocer que Abdala es un experimentado dirigente sindical y político, con conocimiento histórico y formación acreditada.

Ocupa un lugar de relevancia en la conducción sindical y dirige un gremio histórico, el de los trabajadores del metal y sus ramas afines.

Vamos al grano, en el curso de una entrevista de 20 minutos concedida al programa matinal de radio El Espectador el pasado 19 de mayo, el dirigente sindical expuso lo que a su juicio son las principales preocupaciones del PIT CNT y delineo las medidas que se han puesto a consideración de los distintos gremios para hacer frente a la actual coyuntura.

El contenido del reportaje podría ser definido como una oda a la conciliación de clases.

En el marco de una profunda crisis económica y social con consecuencias desbastadoras sobre la población que vive de su trabajo, con cifras record de envíos de trabajadores al seguro de paro, con decenas de miles de trabajadores comiendo en ollas populares, cuando la precariedad laboral y las distintas formas de la informalidad nos muestran la inestabilidad en la que viven las masas populares, cuando a lo largo y ancho del planeta las contradicciones del capitalismo dejan en evidencia que este modo de organizar la producción y la vida social solo puede ofrecer la reproducción de la injusticia, la desigualdad y la muerte, cuando se impone la urgencia de construir un programa alternativo y levantar las históricas banderas de la emancipación de la clase obrera.

Escuchamos de parte de los principales dirigentes del movimiento sindical generalidades y abstracciones, llamados al dialogo y manos tendidas al empresariado, renunciamientos explícitos a colocar en debate un plan de lucha y un programa que levante postulados tales como, nacionalizar la banca y el comercio exterior, instalación de un sistema de salud único estatal y público, prohibición de todo despido, pasaje a manos del Estado bajo control de los trabajadores de la producción de alimentos y medicamentos esenciales, eliminación de la AFAP, impulsar un plan de desarrollo industrial, reforma agraria, etc.

Se defiende la falsa dicotomía que enfrenta la lucha por el trabajo con la lucha por el salario como si ambas no fueran parte de un todo indivisible.

Se reconoce que la última ronda de consejos de salarios termino con “un empate” como si fuera posible un empate en la confrontación entre el capital y el trabajo, lo cierto que en la última ronda de consejos de salarios y a partir de la desindexación de los salarios miles de trabajadores perdieron poder de compra, lo que equivale a decir son hoy más pobres que ayer.

Se desarrolla un relato maniqueo en donde la derecha viene a arrasar con los derechos laborales y sociales al tiempo que se omite decir que durante los últimos quince años se produjo un avance significativo en materia de política económica en favor del capital y en detrimento del trabajo.

Se coloca al movimiento obrero como un colaborador pasivo del pacto social y no como el otro antagónico del capital.

Se propone luchar en el mejor de los casos para preservar derechos a la defensiva y no para avanzar como clase defendiendo el proyecto histórico y social propio de los trabajadores, es decir, una sociedad sin explotados ni explotadores.

Parapetado detrás de un discurso serio y responsable se termina por desnaturalizar el rol de la lucha obrera y su papel en las transformaciones sociales.

Para quienes seguimos creyendo en la centralidad de la clase obrera en el proceso de transformaciones sociales, para quienes seguimos pensando que son los trabajadores los que cumplirán la tarea histórica de sepultar al capitalismo y construir la nueva sociedad, es necesario recuperar los sindicatos para la lucha.

La realidad no deja espacio para la contemplación pasiva ni para ilusiones terceristas, es tiempo de organizarse y luchar.

Sabemos que muchos trabajadores son conscientes de la situación que aquí describimos y no están dispuestos a tolerarla, sabemos que muchos compartimos una visión distinta de la que se presenta como hegemónica, escribimos este artículo para salir al encuentro de esos compañeros y compañeras.

Asumiendo con humildad nuestras limitaciones, pero convencidos que es posible construir otro modo de acción sindical, a eso dedicaremos nuestro esfuerzo.

Federico Kreimerman

Gustavo López

*entrevista a M. Abdala a la que se hace referencia:
https://espectador.com/primera/entrevistas/la-estrategia-nueva-del-pit-cnt

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