Inicio Sindical El paro como herramienta de lucha

El paro como herramienta de lucha

3

El pasado 4 de junio el PIT-CNT realizó el primer paro general de este nuevo periodo.

Con eje en manifestar el rechazo a la Ley de Urgente Consideración (LUC) y con la consigna “la emergencia es la gente” se realizó un acto central cuyo único orador fue el Secretario General, Marcelo Abdala.

En su discurso Abdala expresó que se trataba de un paro “contra la LUC y para manifestar la preocupación del movimiento obrero sobre la situación”. Se vanagloriaba en el mismo de haber hecho un paro parcial y que el acto fue “con responsabilidad”, además hubo música previa, clima de fiesta y entonación del himno nacional, para que quede claro lo respetuoso que es el movimiento sindical dirigido por ellos.

Un paro que se realizó “contra la LUC”, pero que en los hechos no tuvo ningún efecto real en la discusión y posterior aprobación de la misma en el senado al día siguiente. Es decir, un paro con nula efectividad, que a su vez tiene como resultado la deslegitimación del mismo como herramienta de lucha.

El resto de las movilizaciones que nos tienen acostumbrados estos dirigentes son de calendario: conmemoración de fechas, que son efectivamente importantes para la clase obrera, pero que se restringe todo a ir a una marcha o acto, escuchar la música previa, luego al dirigente hablar, remarcar el clima de alegría, e irse a la casa a esperar la próxima convocatoria. Mientras tanto, el ajuste avanza sobre toda la clase trabajadora y el Gobierno tiene el camino allanado para hacer su política pro empresarial.

En el capitalismo, la lucha de clases, la disputa entre capital y trabajo, se da todos los días, es una lucha económica, una disputa por la riqueza generada por los trabajadores, por cuánto se apropian de eso los trabajadores mismos y cuánto la clase capitalista, lo que se conoce como plusvalía.

Para que la clase obrera realmente logre conquistas, que no pueden ser sino arrebatando beneficios al capital, es necesario que este último pierda efectivamente algo en esa disputa.

El paro es una herramienta clave en esa lucha, pues pone en práctica y revela el verdadero poder que tiene la clase obrera, poder que surge por su función en la producción: sin trabajadores no hay producción de absolutamente nada, tampoco hay circulación de bienes, y por lo tanto, no hay ganancia para los capitalistas.

Por eso un paro parcial con hora de inicio y fin no produce ningún efecto real, tampoco una marcha por más masiva que sea, o un paro específico por más que sea de 24 hs, si luego al día siguiente todo sigue igual.

Como hemos dicho, el poder de los trabajadores reside en su capacidad de detener la producción para afectar las ganancias del capital, y que a su vez pone en jaque al gobierno. Eso deriva necesariamente en que un conflicto no tiene día y hora de finalización, en que la huelga es la extensión natural de esta lucha.

Un conflicto en cualquier sector, que lleve a una huelga, significa sacrificios para los trabajadores, sería impensable plantear que tal cosa no tiene costo, pero de lo que se trata es de perder algo en pos de un fin mayor, de esfuerzos individuales por un bien colectivo.

Para que el movimiento obrero avance hay que proponerse aumentar su combatividad en ese sentido, que no pasa por ser respetuosos con una legalidad diseñada en favor del capital ni por manifestaciones episódicas.

En esto es muy importante cómo llegan los trabajadores (tanto sea en general o un sector concreto) a instancias como paros y huelgas. tienen que vivir necesariamente un proceso, que parte de sus demandas concretas, sus problemas materiales, tomando consciencia que son modificables pero que deben luchar por eso, y que a su vez, esa lucha es colectiva.

Pero luchar tampoco es sinónimo de vencer, no estamos diciendo aquí que cada vez que un conflicto desemboque en una huelga, ésta asegura el éxito del mismo, pero sí podemos afirmar lo inverso: sin detener la producción y afectar las ganancias, el capital y el gobierno, sea del color que sea, no entregarán amablemente nada a los trabajadores.

Y tampoco estamos planteando aquí que la lucha de clases es únicamente económica, pues es también política. Para esto es necesario que los trabajadores se fundan con ideas de avanzada que les permitan entender por sí mismos, tras las sucesivas luchas que atraviesan, que la solución de fondo requiere un cambio de raíz del sistema en que vivimos. Y que se requiere además, una conducción del movimiento con un planteo ideológico de clase, que ponga sobre la mesa de manera consciente la lucha política la superación de las actuales relaciones de producción como objetivo.

Sobre cómo el PIT-CNT usa los paros generales hoy

En el paro parcial del pasado 4 de junio, durante el acto también se planteó que “Nuestro objetivo es una sociedad mejor, más democrática, más igualitaria, desarrollada, apuntando a la innovación, a la calidad, al trabajo pleno de la gente en el tránsito cada vez más democrático construido desde el pie, por nuestra sociedad”.

Un discurso plagado de generalidades, que suena lindo y parece avanzado, pero que en los hechos no conduce a nada, salvo a la construcción de un relato que tiene como objetivo no la mejora en las condiciones materiales de vida de los trabajadores hoy, sino la acumulación electoral del progresismo, al cual suscriben la mayoría de quienes dirigen hoy el PIT-CNT.

Pero dentro de esas generalidades también expresó cosas concretas que muestran cuál es el rol que esta corriente mayoritaria tiene previsto para el movimiento obrero, Abdala también afirmó “El trabajo de calidad en estos momentos es el principal articulador de la buena vida humana. A tales efectos, planteamos compartir el tiempo de trabajo con el tiempo de seguro de paro (rotación), reducir la jornada de trabajo para que nadie quede afuera, aumentar los tiempos y montos de subsidio de seguro de paro; generar inversión en nuevos lugares de trabajo es esencial”,

Encubierta en frases rimbombantes hay una explícita orientación hacia la conciliación de clases, aunque levanten un discurso opositor al gobierno y generen una ilusión de “estar luchando”, en los hechos están aceptando que la crisis que vivimos hoy la paguen los trabajadores. Lo hacen al decir que consideran un “empate” extender los actuales convenios salariales, que en la última ronda de consejos de salarios y a partir de la desindexación de los salarios miles de trabajadores perdieron poder de compra; también al insistir Fernando Pereira y Marcelo Abdala, luego del paro, en todas las apariciones públicas, que ellos están para dialogar, que esto recién empieza, que sería bueno extender los seguros de paro, que están dispuestos a que se pierda salario hoy “siempre que haya garantías que se recupere en el futuro cuando todo mejore” (Semanario Búsqueda del 11/6/20).

¿Exigirle al capital que dé garantías de que no explotará a los trabajadores? Qué otra cosa es eso sino firmar la rendición de antemano. Pero lo hacen, porque los costos de esa rendición, no los pagará la casta de dirigentes sindicales, sino los trabajadores que siguen empeorando sus condiciones de vida.

El problema es la orientación de quienes conducen

Justamente esto no es una crítica al PIT-CNT de manera general y abstracta, sino a la orientación ideológica de quienes tienen hoy la conducción del PIT-CNT, que en los hechos no defienden los intereses de los trabajadores, y por lo tanto actúan como agentes del capital dentro de las filas del movimiento obrero.

En el Artículo 2 de los estatutos del PIT-CNT que define sus principios, se incluye “la lucha por una sociedad sin explotados ni explotadores”, expresando con claridad un objetivo político, pero cuando decimos político aquí no es en el sentido electoral, que es hacia donde esos mismos dirigentes lo quieren llevar, sino político en el sentido de organización de la clase con su propio proyecto de sociedad, esa misma que está escrita en los estatutos del PIT-CNT.

Hoy los dirigentes son los que deciden contra qué “hay que luchar”, como la LUC, y luego decretan ellos mismos los paros, sin que haya un proceso real de discusión en las bases sindicales, sin que los problemas reales de los trabajadores estén planteados, por eso carecen de un apoyo real de la masa de trabajadores del país.

Una estrategia para la lucha de clases que no cuente con ese apoyo, que se base en una puesta en escena por el pequeño sector de dirigentes, está destinada a terminar en fracaso. Entre ellos mismos se exagera el rol del PIT-CNT, con una falsa sobreestimación de su papel en la lucha de clases, que se ve reforzada por la subestimación de la masa desorganizada y su grado de madurez política.

Existen también dentro del PIT-CNT otras corrientes que aparecen como opositoras a la actual mayoría, unas vinculadas más directamente al anarquismo (aunque no siempre lo hagan explícito) que ven en la nueva situación con el gobierno una posibilidad de aumento de la lucha popular, y con eso se unen al progresismo por ejemplo para “combatir la LUC” añorando una gran movilización.

Estas corrientes basan su estrategia primero en la buena voluntad y el coraje, piensan que basta con señalar un sistema injusto para que la gente se vuelque en masa a luchar contra el capital, creen que la huelga de masas es algo que puede “decidirse” de un momento a otro y de modo estrictamente consciente, y se puede abrir y utilizar cuando uno lo decida. Por eso, quienes buscan honestamente enfrentarse al gobierno y a la LUC y ser al mismo tiempo críticos con la dirección mayoritaria del PIT-CNT, terminan mirando como una opción a estas corrientes, pero lamentablemente terminan, en la mayoría de casos, en acciones más simbólicas que efectivas y legitimando a la propia conducción que critican.

Otros sectores minoritarios coinciden en la crítica a la conducción mayoritaria con mucho de lo aquí planteado, levantan un programa justo en favor de los trabajadores, pero también sueñan con un reagrupamiento espontáneo de los trabajadores contra los oportunistas, planteando la huelga a priori, olvidando nuevamente lo esencial: para los trabajadores la lucha empieza por sus problemas más inmediatos y su grado de organización responde también al estado de madurez política general de la clase, que ha sufrido un fuerte retroceso, esto es un hecho objetivo que no se puede ignorar.

A modo de conclusión

Los actuales “dirigentes respetuosos” no niegan hablar de la huelga como forma de lucha, porque relacionan la huelga de masas principalmente como una forma de oponerse discursivamente al gobierno pensando en la competencia electoral y partidaria, también porque en su concepción hay dos cosas: primero, que la huelga es puramente defensiva; segundo, que la lucha de masas está incluso subordinada al parlamentarismo, es decir, que se ha vuelto un simple apéndice del parlamentarismo.

Por eso es necesario otra orientación en la conducción, donde el factor económico y el carácter disperso de la realidad actual de la clase trabajadora uruguaya son el punto de partida; la acción generalizada de la clase y la dirección política, la consecuencia.

Las huelgas son un paro de la producción, una demostración de poder, una vía para conquistas concretas que cambien la vida de los trabajadores, esto es un camino para aumentar la conciencia de los mismos en su poder, un método específico que corresponde al desarrollo de las organizaciones de clase del proletariado: probarse en la lucha y emerger de ella con fuerzas redobladas.

Por más que así nos lo quieran presentar, el capitalismo no es invencible, pero para derribarlo la clase trabajadora necesita un alto nivel de educación política, de conciencia de clase y de organización. Estas condiciones no se logran con actos de festejo, con luchas predefinidas en un calendario, con innovaciones comunicacionales y apariciones en medios de prensa, sino únicamente con la escuela política viva, con la lucha, y en la lucha. Además, no se puede derribar el poder del capital en el momento en que se lo desee, solamente con “esfuerzo” y “perseverancia”, sino que será la expresión del desarrollo social y de clase del pueblo uruguayo.

3 COMENTARIOS

  1. Totalmente de acuerdo. Hoy el PIT-CNT “ayuda” al gobierno a administrar la crisis, apenas si le preocupa mantener los puestos de empleo, ni siquiera que el salario real baje. ¡Cómo para pedirle que que se plantee una cambio de sociedad! Felicitaciones por el artículo.

  2. No hay duda, no va a haber revolución si seguimos apostando a modelos períodos de dirigencia, es la conciencia individual y en colectivo la que va a cambiar la historia

  3. No hay duda, no va a haber revolución si seguimos apostando a modelos perímidos de dirigencia, es la conciencia individual y en colectivo la que va a cambiar la historia

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí