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El origen social del proceso salud enfermedad

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La salud–enfermedad es un proceso que se origina en las estructuras económicas, se distribuye en las personas de acuerdo a su clase social y se expresa en nuestra biología individual

San Martin, H, 1986

Cuando hablamos de salud y enfermedad, entendemos el concepto de enfermedad, pero al hablar de salud, es tradicional asumirlo como la ausencia de enfermedad. La salud y la enfermedad no son dos conceptos separados, sino dos polos opuestos de un mismo proceso, el proceso salud-enfermedad, debemos entender a este proceso como un fenómeno dialéctico, que está determinado social, económica y culturalmente. Más difícil aún, es entender el porqué nos enfermamos y lograr comprender los mecanismos por los cuales las personas en mayor o menor medida se enferman.

Tradicionalmente el modelo médico hegemónico (desde la aparición del informe Flexner) se ha vinculado con una concepción individualista, dónde el rol protagónico lo tiene el personal de salud, en una concepción donde las enfermedades ocurren por una sola causa, asociada a las enfermedades infecto contagiosas muy preponderante a principios del siglo pasado, donde solo la presencia de un microorganismo era razón suficiente para la aparición de la enfermedad, noción que sigue muy vigente al día de hoy. Por ejemplo, en la pandemia del COVID-19, se da una importancia fundamental al virus, mientras los factores sociales y económicos de la enfermedades quedan de lado para los profesionales de la salud, se ve aquí el modelo basado en el cuerpo físico, dejando de lado el aspecto psicológico y social del ser humano, planteando que la práctica de los profesionales de la salud debe ser centrada exclusivamente en lo biológico dejando de lado el resto de los factores.

Este modelo basado únicamente en la curación de las enfermedades con la implementación de alta tecnología y especialidades, ha llevado entre otras cosas a que amplios sectores de la población no puedan acceder a una atención digna y de calidad. Este modelo vigente hoy en día, es el que en mayor o menor medida nos formamos los profesionales de salud en el Uruguay, un modelo donde se pone en el centro al rol de los profesionales de la salud y no en las personas.

Es claro que este modelo no permite garantizar la salud de la población, sino todo lo contrario, necesita de la enfermedad para poder curar y devolver la salud de las personas. Pero existen al menos desde la década del 80 otros enfoques, donde se le da un peso muy importante a los estilos de vida, siendo este un factor muy relevante en el proceso salud-enfermedad. Estos otros factores son los que el Estado menos atiende al momento de bregar por la salud de la población. Traemos esta idea para subrayar que hace décadas sabemos las razones por las que estamos sanos o nos enfermamos y las mismas no están en el ámbito de los sistemas de salud.

Si nos detenemos a pensar un poco, es claro que el estilo de vida es un determinante, no el más importante, pero sí uno que se puede abordar, las decisiones que tomamos de forma cotidiana, nuestra alimentación, el ejercicio físico y los hábitos de higiene personal nos van a generar diferentes factores ya sean protectores o de riesgo. Sobre esto nos hacemos la pregunta: ¿todos tenemos la misma oportunidad de acceder a estilos de vida saludables? ¿O al vivir en un sistema injusto que genera desigualdades en el acceso a bienes y servicios, que depreda el ambiente sin ningún tipo de control, estamos generando que algunas clases sociales puedan acceder a ciertos beneficios que otras no van a poder acceder?

Las condiciones materiales de existencia de los sectores sociales van a limitar en gran medida las posibilidades de elección de cada uno de ellos, por esto es importante plantear un enfoque del problema de salud que tenga como una de las premisas necesarias cambiar las condiciones materiales de existencia de amplias mayorías de la sociedad, para que sea una realidad tomar la decisión de tener un estilo de vida saludable y necesario, sin las limitaciones a las que se ve expuesto bajo la realidad actual.

Mientras algunos están condenados a vivir en la pobreza y la marginalidad, otros han tenido el beneficio de vivir con todos los bienes y servicios que la sociedad actual puede brindar. Es fácil entender si ejemplificamos, tomando dos personas, una que viva en un barrio pobre, sin una vivienda, sin trabajo o con un trabajo precario, sin estudios y con escaso acceso a una alimentación digna; mientras que la otra vive en un barrio privado, con todos los servicios a su disposición, con un trabajo estable, con estudios y una alimentación digna; es fácil entender porqué según sus orígenes sociales diferentes, estas dos personas van a contraer enfermedades muy diferentes y uno va a estar expuesto a una gran cantidad de riesgos que el otro no va a tener.

Como profesionales de la salud muy poco podemos hacer para solucionar realmente los problemas de salud de la población, ya que no podemos cambiar la realidad objetiva de nuestros pacientes. Como odontólogo, por ejemplo, me cuestiono cómo puedo hacer para lograr que un taxista que trabaja 12 horas arriba de un auto y tiene muy poco tiempo de descanso (en su trabajo y en su casa), logre encontrar el espacio para cepillarse los dientes, cuando apenas tiene tiempo para alimentarse durante esa extensa jornada laboral y en pésimas condiciones en la gran mayoría de los casos, como profesional de la salud bucal muy poco voy a incidir en la salud bucal de este paciente.

Lamentablemente el modelo nos enseña a curar a este paciente cuando lo necesite, lo que a largo plazo es como dice el dicho, pan para hoy hambre para mañana, ya que no estamos atacando la realidad de su problema, sus condiciones de vida y su lugar en la sociedad lo condiciona a no acceder a un estilo de vida que le permitiera cumplir con una correcta higiene bucal, como tampoco le permite tener una correcta alimentación, un descanso adecuado, etc.

Es muy poco lo que como profesionales de la salud podemos hacer ante esta injusticia social desde el ámbito exclusivo de la salud, y esto es algo muy difícil de entender por la cultura hegemónica con la que nos han formado, no queremos decir con esto que los profesionales no tienen un rol que jugar, sino que es necesario que entendamos la cuota de responsabilidad que tenemos, y que si no cambiamos el sistema no lograremos un cambio real en la salud y enfermedad de las personas.

Desde los espacios de formación deberíamos estar discutiendo para qué se forman los profesionales de la salud. Aunque la respuesta es clara: al servicio del mercado. Hoy la salud no es un derecho, es una mercancía a la cual algunos acceden muy fácilmente, a otros el acceso les es muy difícil y otros no acceden. El personal de la salud está formado principalmente para curar las enfermedades y no para prevenir enfermedad y mucho menos para promocionar salud.

Como profesionales deberíamos ser parte de un movimiento que busque la transformación social, mejorando las condiciones materiales de existencia. Los espacios de formación hoy en día reproducen un modelo de formación basado en curar enfermedades y no en prevención de la enfermedad y promoción de la salud, no forman profesionales con un espíritu crítico que busque una transformación real, que en definitiva será la que nos encamine a la búsqueda de una salud para todos.

Renzo Di Siervi
Doctor en Odontología, docente universitario y militante del Movimiento Barrial Solidario.

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