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El golpe del 73 y la resistencia de la clase obrera

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No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

“Lo más preciado que posee el hombre es la vida, se le otorga una sola vez y hay que saber vivirla de modo que al final de los días no se sienta pesar por los años pasados en vano, para que no exista una angustia por el tiempo perdido y para que al morir se pueda exclamar “toda mi vida y todas mis fuerzas han sido entregadas a la causa más noble en este mundo, la lucha por la liberación de la humanidad“.

                                                                        Nikolái Ostovski, Así se templó el Acero

El pasado concurre para explicar el presente y ofrece importantes indicaciones para prefigurar el futuro. De este modo, recordar el pasado no es un simple ejercicio de la humana nostalgia sino una acción plena de vigor en el presente.

Las clases dominantes y los intelectuales “asalariados del pensamiento oficial” disponen de una gigantesca parafernalia mediática para difundir su relato histórico como verdad inobjetable. Batallar consecuentemente contra la mentira premeditada de la historiografía oficial se impone como una obligación de estos tiempos.

La dictadura militar y el terrorismo de Estado fueron respuestas de las clases dominantes y el imperialismo frente al avance del movimiento obrero y la izquierda, un verdadero ajuste de cuentas reaccionario de la oligarquía.

No eran los golpistas simplemente una horda de perversos, eran portadores de un plan y un modelo económico y social antipopular. Nuestro pueblo y particularmente la clase obrera escribió con su sangre páginas de heroísmo en la resistencia a la barbarie autoritaria. Ciertamente el arco de la resistencia fue amplio y heterogéneo en su composición, pero nadie puede disputarles a los trabajadores su rol central en la lucha anti dictatorial.

La Huelga General de 15 días con la que los trabajadores enfrentaron la dictadura constituye en nuestra opinión la acción de mayor trascendencia en la historia de la lucha de clases en el Uruguay. Toda la potencialidad y los límites del movimiento obrero organizado, todas las contradicciones de la lucha ideológica, todas las miserias de las direcciones reformistas se evidenciaron en esos convulsos días.

Ríos de tinta se han escrito acerca del significado histórico del 20 de mayo y particularmente del asesinato de Michelini y Gutiérrez Ruiz en Buenos Aires en el marco de la coordinación represiva entre los ejércitos de la región lo que significó una trasnacional para la muerte y el terrorismo que luego conocimos como Plan Cóndor.

Expresando nuestro más sincero respeto por la lucha de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos y al conjunto de acciones propuestas para rendir homenaje a nuestros compañeros y compañeras desaparecidos en esta particular circunstancia de pandemia planetaria, elegimos conscientemente dedicar esta columna a reseñar el contexto inicial de la resistencia con el objetivo confeso de alentar un debate al respecto.

El 9 de febrero de 1973, un sector de las Fuerzas Armadas emite por los medios masivos de comunicación un mensaje en el cual se levantan algunas reivindicaciones del movimiento popular, como la reforma agraria, la creación de más fuentes de trabajo, el combate a la corrupción, una política exterior independiente y otras. Lo hacen pasando por encima del Poder Ejecutivo, presidido por entonces por Bordaberry, hombre de la “extrema derecha”.

Con esta declaración emitida en dos documentos consecutivos (los llamados “Comunicados 4 y 7”) se instala lo que se conoce como “golpe de febrero” o prólogo del golpe definitivo. ¿Cuál era la verdadera intención de esta incursión anti constitucional?  

El contenido en apariencia reformista de estos comunicados aviva la polémica en el movimiento popular, que estaba enfrentado a la política represiva del Presidente. Los sectores adscriptos al Partido Comunista no disimulan su aprobación al comunicado militar. 

Quienes cifraban expectativas en los supuestos progresistas del ejército asimilaban estas posiciones con las del militar nacionalista peruano Velazco Alvarado.

El órgano oficial del Partido Comunista, el diario “El Popular” se refería a la posición de los “militares febreristas” en los siguientes términos:

“…los marxistas leninistas, los comunistas, integrantes de la gran corriente del Frente Amplio, estamos de acuerdo en lo esencial con las medidas expuestas por las FFAA como salida inmediata para la situación que vive la República, y por cierto no incompatibles con la ideología de la clase obrera y sin prejuicio de nuestros ideales finales de una sociedad socialista”.

Por su parte el prestigioso dirigente textil Héctor Rodríguez sostenía que “el Partido Comunista está entusiasmado con la declaración de los militares, que era una declaración golpista”.

Con un fuerte comunicado titulado “Sólo el pueblo salva al pueblo”, la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) fija su posición:

“La clase obrera y el pueblo no pueden alentar ninguna expectativa en que sus intereses vayan a ser defendidos por civiles o militares. Para los trabajadores el dilema es de hierro.

O nos movilizamos por nuestros presos, por nuestras libertades, por un salario, y mediante la lucha pensamos en el conjunto de la situación o asistimos pasivamente a un arreglo que se hará sobre nuestras cabezas (…) Los trabajadores no pueden asistir pasivamente a las disputas y negociaciones entre civiles y militares del gobierno, o entre distintas fracciones de la burguesía”.

Las negociaciones entre el poder político y los mandos militares se intensifican y en ellas se planifican detalladamente las alternativas tácticas del golpe.

En la última quincena del mes de junio el parlamento rechaza por un voto el pedido de desafuero del Senador frenteamplista Enrique Erro acusado de ser la cobertura legal del movimiento Tupamaro. Pretextando que este hecho constituye una gravísima afrenta a la Constitución, el presidente Bordaberry convoca a la residencia presidencial a los comandantes de las tres armas para urdir el definitivo asalto al parlamento.  

En la medianoche del martes 26 de junio sesionará por última vez la cámara de Senadores, al tiempo que en los mármoles del Palacio Legislativo retumbaban estridentes discursos y arengas democráticas.

En la soledad de su despacho, rodeado de algunos colaboradores, Bordaberry ajustaba la redacción final del decreto de disolución de las cámaras.

El movimiento popular, por su parte, se aprestaba a cumplir la resolución tomada nueve años atrás: ante el golpe de Estado, huelga general.

El miércoles 27 de junio, con la noticia del golpe, la ciudad amaneció militarizada. Tanquetas y jeeps con soldados armados a guerra recorrían las principales calles y avenidas.

Los medios de comunicación reproducían insistentemente el decreto de 4 artículos promulgado por el ahora dictador Juan María Bordaberry:

“Art. 1. Declárense disueltas la Cámara de Senadores y la Cámara de Representantes. Art 2. Créase un Consejo de Estado integrado por los miembros que oportunamente se designaran,  con las siguientes atribuciones: a) Desempeñar independientemente las funciones de la Asamblea General, b) Controlar la gestión del Poder Ejecutivo relacionada con el respeto de los derechos individuales de la persona humana y con la sumisión de dicho poder a las normas constitucionales y legales, c) Elaborar un anteproyecto de Reforma Constitucional que reafirme los fundamentales principios democráticos y representativos, a ser oportunamente plebiscitado por el Cuerpo Electoral. Art 3. Prohíbese la divulgación por la prensa oral, escrita o televisiva de todo tipo de información, comentario o grabación que, directa o indirectamente, mencione o se refiera a lo dispuesto por el presente decreto o atribuyendo propósitos dictatoriales al Poder. Art 4. Facúltese a las Fuerzas Armadas y Policiales a adoptar las medidas necesarias para asegurar la prestación ininterrumpida de los servicios públicos esenciales”

Entre las últimas horas del martes 26 y primeras horas del miércoles 27 la dirección de la CNT se reúne en el local de la Federación del Vidrio ubicado en Laureles y Carlos Tellier en el barrio obrero de La Teja. En esta reunión, se analiza la situación política, se toman algunas medidas de seguridad tales como el cambio de domicilio de algunos dirigentes y se redacta el documento titulado “Llamamiento de la CNT a la clase obrera y el pueblo uruguayo”, en el que se puede leer;

“Nada menos que Bordaberry, expresión de los intereses del gran latifundio, enemigo de los trabajadores y el pueblo, encabeza un golpe contra un Parlamento que ha enfrentado sus últimos desbordes, que ha sido caja de resonancia de los intereses populares y de denuncia a la corrupción y los negociados de la rosca”.

Obsérvese el apego institucional y la alta valoración que los sectores mayoritarios de la dirección sindical tenían de la acción parlamentaria. En otro pasaje del citado texto se enfatiza:

“Los trabajadores y el pueblo enfrentaron y enfrentaran esta política. Están en combate por la recuperación del poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones, por subsidios a los artículos de consumo popular con recursos extraídos del privilegio, por las soluciones de fondo que el país reclama desde hace tiempo, y que en muchos aspectos fueron enunciados por las propias Fuerzas Armadas en sus comunicados 4 y 7 ()” (el subrayado es nuestro).

Al término del documento se realiza el llamamiento: “Ocupación de fábricas, estado de alerta y asamblea, plena actividad y normal funcionamiento de los locales sindicales”.

Como puede constatarse, en ningún pasaje del texto se nombra explícitamente a la huelga general ni se habla de la duración de las medidas. 

En efecto, los trabajadores tenían fuertemente introyectada en su conciencia la resolución de enfrentar con la huelga el quiebre institucional y sin esperar directivas centrales se dispusieron a ocupar sus lugares de trabajo.

Miles de trabajadores ocuparon las fábricas y los principales establecimientos industriales del interior del país, el movimiento estudiantil hizo lo propio con las universidades y los barrios de la ciudad ofrecieron sostén logístico a los huelguistas.

En una segunda reunión de la dirección de la CNT en el local de la textil La Aurora en la zona de Capurro, en la mañana del día 27 se acuerda nombrar un comando de huelga integrado por José Delia, Gerardo Cuesta, Felix Díaz, Vladimir Turiansky e Ignacio Huget, nombrándose también una dirección de relevo previendo la eventual detención de estos dirigentes.

En la reunión de La Aurora se decide invitar a reintegrarse a la conducción cotidiana del movimiento obrero al sindicato de FUNSA que se mantenía distanciado por discrepancias políticas y metodológicas. Los trabajadores de la combativa FUNSA deciden ante los desafíos de la hora, pasar a segundo plano las diferencias y ocupar su lugar en la CNT, le corresponde asumir esta responsabilidad al recordado “loco” Duarte.

En los primeros dos días, la huelga se extiende, son ocupados más de 700 centros de trabajo, sólo en la rama del metal se ocupan 220 empresas. En un boletín fechado el jueves 28 de junio la CNT reconoce formalmente la huelga general:

“La huelga general y las ocupaciones han tomado un volumen contundente. Miles de lugares de trabajo ocupados, personas que nunca han ocupado sus lugares de trabajo, personas que no estaban organizadas, están en la huelga general y en lucha. Viva la huelga y las ocupaciones junto a la CNT. Solidaridad, Venceremos”.

Las ocupaciones llevadas adelante por los trabajadores y los estudiantes reciben el apoyo del Consejo Directivo Central de la Universidad de la República y de cientos de intelectuales y trabajadores de la cultura.

Durante las primeras 48 horas de la huelga el equipo coordinador de la CNT se reúne en dos oportunidades con el Ministro del Interior Bolentini.

El vocero del gobierno ofrecía aumentos de salario, liberación de los presos detenidos con posterioridad al 27 de junio y mesas de negociación a cambio de que los trabajadores levantaran las medidas. El secretariado ejecutivo de la convención  obrera contesta por escrito al Ministro de la dictadura, en el escrito que consta de 5 puntos se establecía lo siguiente: 

“…a nuestro juicio, se impone una definición concreta en lo inmediato en los siguientes puntos: 1) Reiteración de la vigencia plena de las garantías para la actividad sindical y política y para la libertad de expresión; 2) Restablecimiento de todas las garantías y derechos constitucionales; 3) Medidas inmediatas de saneamiento económico, cuyas prioridades hemos expuesto en el documento que en el mes de abril y a su pedido enviáramos a la Junta de Comandantes en Jefe, especialmente: nacionalización de la Banca, el comercio exterior y la industria frigorífica; 4) Recuperación del poder adquisitivo de los salarios, sueldos y pasividades contención de precios subsidiando a los artículos de consumo popular; 5) Erradicación de las bandas fascistas que actúan impunemente en la enseñanza y coordinación con docentes, padres y alumnos de los cambios para la reanudación normal de los cursos”.

Firma este comunicado José D’elia en su condición de presidente de la CNT.

El control del transporte constituía un elemento estratégico para asegurar el éxito de la huelga. Se discutieron algunas medidas de sabotaje para evitar que las patronales sacaran las unidades a la calle, en algunos casos se consideró el retiro de algunas piezas que inutilizaran los motores e incluso guardar los coches en las fábricas ocupadas, la actitud timorata de la dirección de la Federación Obrera del Transporte (FOT) impidió que estas medidas prosperaran.

El jueves 28, los propietarios consiguen sacar algunos coches de los talleres de CUTCSA, en los barrios vecinos y estudiantes se organizan para detener los ómnibus con piedras y grampas miguelitos.

Los trabajadores del transporte lograron mantener con muchas dificultades la huelga durante los primeros 5 días, en adelante los ómnibus circularon custodiados por vehículos militares y en ocasiones fueron manejados por choferes del ejército. Los actos de sabotaje y escarmiento a los carneros no cesaron y en la Terminal de Kibon en el barrio de Pocitos un ómnibus arde en llamas luego de ser alcanzado por una bomba molotov.

El sábado 30 de junio y luego de los fracasados intentos de negociación el gobierno emite el decreto N° 1.103 en el que se ilegaliza la CNT, se ordena la captura de sus dirigentes y se procede a la incautación y el saqueo de todos los bienes de las organizaciones sindicales.

Simultáneamente comienzan los operativos de desalojo, decenas de fábricas son desalojadas y vueltas a ocupar por sus trabajadores en algunos casos hasta una decena de veces, los vecinos del Cerro levantan barricadas para impedir el arribo de las fuerzas represivas, para desalojar la emblemática FUNSA se utilizan cinco camiones de llenos de soldados, dos tanques militares y hasta un helicóptero.

El régimen difunde por todos los medios de prensa sendos comunicados llamando a “volver al trabajo” y anuncia la realización de plebiscitos entre los trabajadores para resolver el reintegro a las tareas y la normalización de la situación.

Los desalojos instauran una nueva y ardua polémica en el interior del movimiento sindical. El Secretariado Ejecutivo de la CNT emite un instructivo ante los desalojos en el que instruye a los trabajadores a dirigirse a sus respectivos sindicatos y esperar la ocasión propicia para una nueva ocupación.

La ofensiva del régimen arrecia con más fuerza, son militarizadas varias ramas de actividad, ANCAP, Bancarios, Funcionarios del Estado, etc. Muchos trabajadores son conducidos a sus puestos a punta de fusil y los que se negaban eran directamente detenidos.

El martes 3 de julio los trabajadores ocupantes de la refinería de ANCAP en La Teja apagan la llama de la chimenea mayor, esta acción se convirtió en un fuerte símbolo de la resistencia. Por su parte los trabajadores de UTE desarrollan valientes actos de sabotaje dejando sin energía a varias unidades productivas que no estaban bajo control obrero.

El gobierno ordena la captura de 52 dirigentes sindicales y difunde sus fotografías por los medios periodísticos, muchos de estos dirigentes son detenidos y torturados otros pasan a la clandestinidad. En otro decreto, el poder de facto anuncia el despido sin derecho a indemnización de todos los trabajadores que participan de la huelga.

El mayor estadio cerrado del país, el Cilindro Municipal, se transforma en improvisada cárcel y cientos de obreros son allí recluidos.

En la tarde del 6 de Julio mientras participaba en una acción directa para garantizar el paro del transporte es asesinado por la espalda el joven de 28 años, estudiante de Veterinaria, Ramón Peré.

Dos días más tarde cae abatido por la policía Walter Medina de 16 años quien fuera ultimado mientras pintaba en un muro del barrio Piedras Blancas la consigna “Consulta Popular”.

El martes 10 de julio, decimocuarto día de huelga, el movimiento obrero realiza el balance de la movilización y trasciende que los sectores mayoritarios en la conducción de la CNT, evalúan el levantamiento de huelga general y la continuación de la lucha por otros medios.

Próximo a las 15 horas del miércoles 11 de julio y en medio de estrictas medidas de seguridad se reúne en las instalaciones del Sanatorio IMPASA la Mesa Representativa de la CNT.

En esta instancia se resuelve por amplia mayoría el levantamiento de la huelga general, 22 sindicatos votan a favor, 2 los hacen en contra, (FUNSA y FOEB) y 4 sindicatos se abstienen, (COT, FUS, FFOSE y los trabajadores de Conaprole).

La Federación de Estudiantes Universitarios (FEUU) acata la resolución de la convención obrera y levanta las ocupaciones de los centros de estudio.

La dirección de la CNT justifica las razones del levantamiento de la huelga en un comunicado titulado “los trabajadores uruguayos han escrito una página maravillosa de su historia”. En el texto se afirma lo siguiente:

“…En esta huelga, la clase obrera derrochó combatividad, espíritu de sacrificio, una disciplina ejemplar, una severa dignidad frente a la clase de atropellos y vejámenes, forjo una unidad más sólida y amplia que nunca por encima de las diferencias ideológicas (…) Esta lucha ha despertado justa admiración, entusiasmo y apoyo caluroso en otras capas de la población oriental…”.

El comunicado de la mayoría sindical explica los motivos de la resolución y convoca a continuar la lucha por otros medios: “El principio teórico fundamental de una lucha prolongada es desgastar y debilitar continuamente las fuerzas del enemigo y fortalecer las propias. Es ese principio el que sentó las bases de la victoria del pequeño Vietnam sobre el poderoso imperio norteamericano, para no citar más que un ejemplo reciente y glorioso de la historia de las luchas populares del mundo entero. Es este principio el que debe guiar nuestras acciones en este momento dramático (…) Estas consideraciones son las que han llevado a la Mesa Representativa de la CNT a decidir la terminación de esta etapa de lucha, levantando la huelga general”. La Tendencia Combativa quiebra el consenso y responde con un análisis propio y divergente en lo que se conoce como el documento de las 3 F, en alusión a los tres gremios que lo suscribieron, FUNSA, FOEB y FUS.

El documento de los gremios en minoría realiza una valoración crítica del papel de la conducción de la huelga: “(…) la Mesa Representativa levanta la huelga sin condiciones, Quedan como consecuencia los despidos, los presos, los requeridos, los sumariados, los perseguidos”. Más adelante el documento señala: “Esta huelga general es la acción política más importante desarrollada en el Uruguay por el conjunto del proletariado. De los sectores asalariados, del estudiantado y de vastos sectores sociales”.

En otro pasaje, tan lucido como contundente, los gremios de Tendencia afirman “ningún gremio fue derrotado, fue derrotado un estilo, un método, una concepción de trabajo sindical”.

Por su parte los sectores políticos de mayor ascendencia en el movimiento sindical, particularmente el Partido Comunista, difunden valoraciones autosatifactorias de su papel en la huelga y defienden la tesis según la cual la dictadura uruguaya había sido herida de muerte.

Resulta un verdadero desafío a la lógica sostener que un régimen herido de muerte pueda sobrevivir 12 años.

La huelga general había concluido. El jueves 12 de julio, con dignidad, pero sin ocultar la frustración miles de trabajadores se reintegran a sus puestos de trabajo. Otros miles pasaran por la tortura en las ignominiosas cárceles de la dictadura, el exilio produce un verdadero éxodo de activistas y los militantes que quedan en el país prosiguen su resistencia desde la clandestinidad.

El impacto de esta experiencia y sus lecciones son objeto de polémica aún hoy en el movimiento sindical. Muchas son las preguntas que siguen sobrevolando en la cabeza y el corazón de los protagonistas y las nuevas generaciones de luchadores sociales: ¿Quién dirigió la huelga? ¿Había condiciones para convertirla en huelga insurreccional? ¿Qué pasó con el aparato armado del partido comunista? Entre otras.

Durante la larga noche de la dictadura cientos de compañeros fueron desparecidos, miles encarcelados, otros tantos obligados al exilio.

Más de tres décadas después de la recuperación de la institucionalidad democrática la impunidad negociada con los terroristas de Estado se mantiene intacta.

Quince años de gobierno del Frente Amplio, integrado por protagonistas directos de este periodo, no han permitido más que algunos avances parciales e insuficiente.

Solo poniendo fin definitivamente a todas las formas de la impunidad, promoviendo el juicio y el castigo a los responsables, y luchar para cumplir los ideales de una nueva sociedad por la que los compañeros caídos dieron la vida, será posible honrar cabalmente la memoria y el ejemplo de nuestros mártires.

Gustavo López
Militante con gran trayectoria sindical y social desde los últimos años de la dictadura.

4 COMENTARIOS

  1. Que emoción volver a leer este testimonio.cuanto x aprender, cuánto que los que se decían izquierda, pisotearon.
    Gracias Gustavo x traer a la memoria está lectura

  2. Parte de la historia del movimiento sindical que quedó abierto ,que está abierto , y que debemos de poner luces sobre el debate ideológico entre los trabajadores y el pueblo , convengamos que en la apertura “democrática” se intentó dar esa batalla ideológica contra las concepciones reformistas y oportunistas , fue muy difícil , es más la predominancia de esas concepciones , termino de enterrar cualquier rescoldo o vestigio de lucha revolucionaria , el peso de los aparatos coecciono en forma desvastadora y regresiva a las masas obreras , vaciando de debate verdaderamente unitario , y con alto contenido ideológico , la deformación y lumpenizacion de las dirigencias sindicales afloraron transformándose en verdaderos burócratas rentados , y perpectuandoce en el tiempo dentro de una estructura cada vez más desprestigiada frente a la credibilidad de los trabajadores , dirigentes más preocupados por contabilizar afiliados , pero cada vez más alejados de la lucha , de las vivencias de los trabajadores , del tan anelado y verdadero saldo que nos debe de quedar después de tener una confrontacion con nuestro enemigo de clase, aunque más no sea por una categoría , por un uniforme, por un aumento de salario, que se yo , ese saldo es haber elevado el nivel de conciencia de los obreros , el nivel de organización , el nivel de conocimiento y conciencia política , el nivel de conciencia de clase , y alguien puede preguntarse para que? Hoy día es muy común escuchar estos razonamientos para que? Pues el nadie puede discutir la capacidad de organización y de lucha que existía en ese periodo , tampoco la gran politización de la clase obrera ,altamente superior a nuestros días , producto de décadas de luchas particulares por gremios , para luego confluir en la CNT , pero ahí donde comienzan a incidir las distintas corrientes ideológicas , desde la dirección , es desde ahí que se comienzan a visualizar los graves analis políticos y metodológicos , y es ahí donde pesan los aparatos partidario diezmando a las minorías con intención revolucionaria , cabe preguntarle , los análisis políticos de las mayorías y las minorías estarían bien hechos como para medir el momento político del país? O faltó algo más , ? Se habrá valorado cabalmente el potencial político e ideológico e histórico que el movimiento obrero había alcanzado hasta ese momento? O se quedaron cortos , me refiero a los dirigentes sindicales encolumnados en las distintas corrientes ideológicas que participaban de movimiento, me refiero a los dirigentes de izquierda y sus partidos , a los dirigentes de organizaciones estudiantiles , a dirigentes de organizaciones como la ROE ,resistencia obrero estudiantil ? ,Creo que el tema está abierto un abrazo

  3. Mucha gracias Gustavo.es no solo útil sino imptescindible en este fecha tan sentida por muy buena parte del pueblo uruguayo una reflexión sumaria de los hechos que ocurrieron cuando el golpe de estado.A los viejos nos trae mil recuerdos y también dolores está retrospección,pero es más importante para los jóvenes que no lo vivieron pero si muchos de ellos vivieron consecuencias derivadas directas o not. Aquellos que tienen un sentimiento de apego a nuestra historia reciente.Para ellos sobre todo este resumen que seguramente se va a profundizar en sus hogares,sus lugares de estudio y trabajo.Tiene que evaluarse más a fondo aquel pedazo de historia para ver los avances y retrocesos de la clase trabajadora y el pueblo, en general en ee momento y lo que sucedió a partir de ahí.Y también evaluar el entorno internacional en el cual estábamos.Tambien reconocer errores que cometimos aún aquellos que seguimos y aquellos que retomamos la lucha cuando volvimos años después.Se han hecho muchos analisis pero importa el nuestro.

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