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El fuego que no se extingue

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“Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas”
Federico Engels

Aunque los apologistas del orden burgués hagan sonar sus clarines de victoria y decreten extasiados la muerte del marxismo.

Aunque vociferen acerca del “fin de la Historia” al tiempo que condenan a millones de seres humanos a condiciones de existencia propias de la pre historia.

Aunque promuevan el refugio en lo individual y el egoísmo exacerbado, pretendiendo convertir la vida en una aventura estúpida de posesión y consumo.

Aunque promuevan todas las formas de manipulación alienante de las conciencias y domestiquen a los intelectuales.

Aunque proliferen las seudo teorías que niegan el papel de la lucha en las transformaciones, y sostengan que no hay alternativa posible para el género humano más que presenciar la barbarie capitalista.

La porfiada realidad los desmiente categóricamente. Cualquier mirada atenta al mundo de nuestros días confirma con claridad irrefutable que el capitalismo no es otra cosa que la reproducción ampliada de la injusticia, la miseria, la guerra y la muerte.

En definitiva, el capitalismo es un modo de producción fundado en la apropiación privada del trabajo social, en la explotación cotidiana de la inmensa mayoría de los seres humanos. Es por su naturaleza un estadio del desarrollo humano destinado a desaparecer, no por obra de ningún determinismo mecánico sino de la acción organizada y consciente de los trabajadores y demás sectores populares interesados objetivamente en ofrecer definitiva sepultura al injusto orden vigente.

Para el cumplimiento de esta impostergable tarea histórica, el cuerpo teórico del Marxismo sigue siendo la herramienta más útil con la que disponemos.

Por tanto, Marx es un hombre de este tiempo, lo ubicamos conscientemente lejos de la tumba y pletórico de vida.

Nace todos los días en la acción de los oprimidos del mundo que se resisten a ser mercantilizados, vive en las huelgas obreras y las rebeliones campesinas, levanta la voz en las movilizaciones estudiantiles y apunta con precisión en el fusil de los que resisten la intervención imperialista.

El legado de Marx, nos brinda un estudio acabado y profundo de la formación y estructura económico-social del capitalismo. Nos permite entender sus leyes de desarrollo, el secreto de la acumulación a partir de la plusvalía. En obras como Critica de la Economía Política, El Capital, los Grundisse y otras se sustenta científicamente el funcionamiento del capitalismo.

La obra de Marx no solo es la más brillante y demoledora critica al capitalismo, es también un preciso programa para su superación.

Los avances más significativos en favor de las masas populares a lo largo de la historia se desarrollaron inspirados por las ideas de Marx y sus continuadores, particularmente Lenin el jefe indiscutible del proletariado mundial y artífice de primer orden de la Revolución de Octubre el acontecimiento más importante en la historia de la humanidad dese el punto de vista de los trabajadores.

La decisiva influencia del marxismo abarca los más bastos terrenos de la actividad humana, las ciencias, la cultura, las artes y la literatura.

Sin exageraciones de ninguna naturaleza podemos decir que lo más destacado de la cultura hasta el presente se vinculó estrechamente con el marxismo, alcanzaría con citar a vuelo de pájaro algunos nombres como Picasso, Siqueiros, Neruda, Vallejo, Lorca, Jorge Amado, o nuestros Arregui y Zitarrosa entre tantos otros.

Decía Federico García Lorca “el día que el hambre desaparezca va a producirse la explosión espiritual más grande que conozca la historia humana” y en efecto el verdadero encuentro de la humanidad consigo mismo se dará en la construcción del socialismo.

El marxismo leninismo se enriquece en dialogo dialéctico con todas las manifestaciones de la ciencia y la cultura, como señala Lenin en el Que Hacer “La conciencia de las masas obreras no puede ser una verdadera conciencia de clase si los obreros no aprenden, basándose en hechos y acontecimientos políticos concretos y además actuales, a observar a cada una de las otras clases en todas las manifestaciones de su vida intelectual, moral y política, si no aprenden a hacer un análisis materialista y una apreciación materialista de todos los aspectos de la actividad y la vida cultural de todas las clases, sectores y grupos de la población”.

En tiempos de promoción masiva de la cultura chatarra, de la mitología fantasmagórica, de los superfluo sobre lo sustantivo, es imperioso volver a las fuentes y entender la cultura como terreno de lucha por elevar la conciencia y el espíritu de las masas populares.

En el epicentro de las vastas preocupaciones de Marx a las que consagro su vida y su lucha se encuentra la liberación de los trabajadores la que según su propia sentencia “será obra de los trabajadores mismos”.

Su vasta e influyente obra abarca diversos campos como la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología, la economía, el periodismo y la literatura.

Karl Marx nació en Tréveris, Reino de Prusia el 5 de mayo de 1818. Poco se sabe sobre la infancia de Karl Marx. Se educó en casa hasta que en 1830 entró en el Instituto de Tréveris.

Estudió en la Universidad de Bonn y en la Universidad Humboldt de Berlín, a donde se interesó en las ideas filosóficas de los jóvenes hegelianos.

En 1842 se trasladó a Colonia para dedicarse al periodismo. En 1843 se mudó a París y colaboró con periódicos radicales, como los Anales Franco-Alemanes, así como una serie de libros, algunos de ellos coescritos con Engels. En 1845 fue exiliado a Bruselas, Bélgica, lugar en el que se convirtió en una figura importante de la Liga de los Comunistas. En 1848 retornó a Colonia con la esperanza de ver la revolución extenderse a Alemania. En 1849 se trasladó a Londres, a pesar de la pobreza, siguió convirtiéndose en una figura destacada.

Testigo y víctima de la primera gran crisis del capitalismo (década de 1830) y de las revoluciones de 1848, Marx se propuso desarrollar una teoría económica capaz de aportar explicaciones a la crisis, pero a la vez de interpelar al proletariado a participar en ella activamente para producir un cambio revolucionario.

Las teorías de Marx sobre la sociedad, la economía y la política, que se conocen colectivamente como el marxismo, sostienen que todas las sociedades avanzan a través de la dialéctica de la lucha de clases. Fue muy crítico de la forma socioeconómica vigente de la sociedad, el capitalismo, al que llamó la “dictadura de la burguesía”, afirmando que se llevaba a cabo por las acaudaladas clases dueñas de los medios de producción, para su propio beneficio. Sostuvo que la sociedad bajo el socialismo, sería regida por la clase obrera en lo que llamó la “dictadura del proletariado”, el “Estado obrero” o “democracia obrera”.

Marx es el pensador más influyente en la historia de las ideas, su brillantes intelectual y su compromiso revolucionario lo convierten en una referencia insoslayable para quienes pretendemos transformar el mundo.

Odiado, calumniado y vilipendiado por las clases dominantes de todas las épocas y respetado y admirado por los trabajadores y oprimidos del mundo.

Nunca en la historia una teoría produjo semejante transformación en las esperanzas y aspiraciones, en la cultura y los valores de tanta gente.

Millones de personas han puesto su vida en juego apropiándose en su lucha de la concepción del mundo de Marx y sus continuadores.

En justa articulación entre el rigor científico y la pasión militante Marx diagnostica la sociedad capitalista y ofrece un condensado programa para su superación. Colocando a la clase obrera en el centro de la escena como portadora de un proyecto histórico y social propio.

Los apologistas del orden burgués y toda su caterva de intelectuales domesticados no escatiman esfuerzos en declarar la obsolencia y hasta la muerte del legado marxista, no obstante, la porfiada realidad se encarga de demostrar con meridiana claridad que el núcleo duro de la obra de Marx sigue constituyendo una guía irremplazable par quienes pretendan enviar al capitalismo al museo de la peor historia del género humano sobre este planeta.

Con el propósito de acercar a las nuevas generaciones de militantes a la obra del padre del socialismo científico, considero útil aproximarnos al Manifiesto Comunista, texto de cardinal importancia en la perspectiva de la emancipación de la clase obrera.

Imagen creada a partir de foto de Karl Marx de Сара Дамњановић distribuida por Wikimedia Commons bajo licencia CC BY-SA 4.0 e imagen de “El capital” de 1867 de dominio público de la Zentralbibliothek de Zúrich (Suiza).

Antecedentes históricos del Manifiesto Comunista

En la primera semana del mes de junio del año 1847 se reúne en Londres el Congreso de una pequeña organización hasta entonces secreta integrada por trabajadores y artesanos denominada “liga de los Justos”.

Esta organización estaba constituida por ex integrantes de la “Liga de los Proscriptos” organización creada en la década anterior.

De forma independiente uno de otro, los jóvenes Friedrich Engels y Karl Marx establecen contactos con los miembros de la “liga de los Justos” y comienzan a cooperar con ellos.

Bajo una fuerte influencia del socialismo utópico los militantes de esta organización se orientaban por la consigna “Todos los hombres son Hermanos”.

En el primer Congreso Engels tuvo una activa participación al tiempo que Marx no pudo asistir por ausencia de dinero para viajar a Londres.

Un conjunto de acontecimientos políticos y sociales convulsionan el corazón de la vieja Europa. Particular destaque merece la notable experiencia del Movimiento Cartista y sus influyentes acciones de masas.

Luego de un intenso proceso de revisión de su accionar, acompañado de un análisis solido de la realidad del movimiento obrero y de la coyuntura política internacional, “La Liga” comienza a abandonar el utopismo y el secretismo, redefiniendo sus referencias ideológicas y promoviendo una discusión programática.

En este periodo el Comité Central de la “Liga de los Justos” se traslada de Paris a Londres, recordemos que era Inglaterra el epicentro industrial del mundo y en consecuencia el lugar en donde el movimiento obrero había alcanzado mayor desarrollo tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo.

“La Liga” culmina su primer congreso el 9 de junio de 1847 emergiendo del mismo una nueva organización revitalizada en su estructura y principios.

A partir de entonces la organización pasa a llamarse “Liga de los Comunistas” y se desarrolla en su seno un intenso debate programático que culminará con la convocatoria al segundo Congresos que tendrá lugar en Londres entre el 29 de noviembre y el 8 de diciembre del mismo año (1847).

Marx y Engels participan con pasión de los debates de este congreso ambos como delegados electos y con plenos derechos, el primero electo delegado por la sección de Bruselas y el segundo por la de Paris.

En el encuentro se hicieron presentes los más destacados e influyentes líderes obreros de la época, el congreso fue presidido por Karl Schapper y le correspondió a Friedrich Engels ejercer la secretaria del evento.

Al término de las deliberaciones el Congreso encomienda a Marx y Engels la redacción del documento final o manifiesto programático de la “Liga de los Comunistas”.

Ya de regreso a Bruselas, Marx comienza la redacción del manifiesto.

Durante el proceso de elaboración del Manifiesto los autores se demoran en entregar el trabajo, situación que preocupa a los demás miembros de la organización quienes llegan a intimar en duros términos a los responsables del trabajo, tal es así que en carta fechada en Londres el 24 de Enero de 1848 se dice: “El Comité Central, por la presente, encarga al Comité Regional de Bruselas que comunique al ciudadano Marx que, si el Manifiesto del Partido Comunista, del cual asumió la redacción en el último congreso, no ha llegado a Londres el 1 de Febrero del año actual (1848), se tomaran las medidas pertinentes contra él. En el caso de que el ciudadano Marx no cumpliera su trabajo, el Comité Central solicitara la inmediata devolución de los documentos puestos a disposición de Marx”.

Finalmente, el 24 de febrero de 1848, sale de una pequeña empresa tipográfica londinense perteneciente a la Asociación Educacional de los Trabajadores, la primera edición de tres mil ejemplares del Manifiesto Comunista.

Primera edición del Manifiesto del Partido Comunista. Fuente: Wikipedia.

El núcleo de la obra

Refiriéndose al Manifiesto del Partido Comunista, Lenin afirmo: “esta obra expone con una claridad y un vigor genial, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al dominio de la vida social, la dialéctica como la teoría más amplia y profunda del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico universal del proletariado, creador de una sociedad nueva, la sociedad comunista”.

En efecto, antes del Manifiesto lo oprimidos resistían a la injusticia y delineaban proyectos de reformas sociales bajo los estrechos límites del socialismo utópico.

Creyendo en la hermandad entre los hombres e inspirados en modelos idílicos y románticos a la hora de pensar la superación del capitalismo.

Los exponentes teóricos más destacados del socialismo utópico fueron, Saint Simon, Robert Owen y Charles Fourier.

Aunque corresponda reconocer que poseían nobles aspiraciones y gran sensibilidad social, es preciso señalar que estos pensadores no pudieron comprender la dinámica real de las relaciones de producción capitalistas y su base material.

Saint Simón emprende su crítica contra los ociosos nobles y defiende el trabajo fabril. Levanta como consigna la siguiente idea “todos los hombres deben trabajar”. Fue impulsor de un movimiento práctico que en Francia recluto a numerosos adeptos.

Robert Owen era un joven industrial de Manchester que se indignó con el sufrimiento de los trabajadores. Impulso la alfabetización de los hijos de los obreros, promovió la unidad sindical y el cooperativismo. Criticó con dureza a la propiedad privada, la religión y el matrimonio. Intento desarrollar experiencias de “colonias comunistas” en América para los obreros irlandeses.

Por su parte, Charles Fourier fue un comerciante francés que criticaba la sociedad burguesa e imaginaba como solución los Falansterios, una suerte de colectividad de productores y consumidores de no más de dos mil personas en donde sus integrantes comparten la totalidad de las tareas.

Caracterizando a los socialistas anteriores al Manifiesto, Engels señala: “El socialismo es, para todos ellos, la expresión de la verdad absoluta, de la razón y de la justicia, y basta con descubrirlo para que su propia virtud conquiste el mundo”.

La concepción materialista de la historia que el marxismo pone en escena supone un salto cualitativo en el terreno de la praxis social y posibilita el pasaje del socialismo utópico al socialismo científico.

Marx desarrolla su labor teórica procesando una superación crítica del pensamiento más avanzado de su época histórica.

En este sentido se bate en duelo de ideas y se nutre del socialismo utópico francés, de la filosofía clásica alemana y de la economía política inglesa, estas son la “tres fuentes del marxismo” para utilizar la feliz expresión de Lenin.

Con el Manifiesto aparece en escena a nivel histórico universal una clase que en la propia lucha accede a la conciencia de sus intereses específicos. Es decir, se propició la auto percepción clasista y se viabilizó un proyecto político explícitamente integrado a una perspectiva de clase.

Es a partir del Manifiesto que el proletariado se posiciona como sujeto histórico revolucionario y en tanto tal la lucha de clases adquiere centralidad.

Con contundencia expositiva y brillante literaria los autores hunden el bisturí en la propia medula del sistema capitalista condensando en apenas cincuenta páginas, una teoría general de la historia, un análisis político de la sociedad y un programa de acción para su transformación revolucionaria.

Con precisión didáctica el texto explica la contradicción fundamental de la sociedad burguesa, define la historia de la humanidad como la historia de la lucha de clases y le asigna a la clase obrera el rol histórico de convertirse en la sepulturera del capitalismo.

Es decir, análisis teórico y propuesta política constituyen el núcleo central de la obra que analizamos.

Desde las primeras páginas nuestros autores rompen con el idealismo filosófico y voluntarista , es decir se propone desentrañar en el propio seno de la sociedad capitalista las razones y causas que habilitan su superación. El proyecto de sociedad comunista no es simplemente una noble aspiración, sino que encuentra sustento y potencialidades de realización en las contradicciones del propio orden burgués.

Estas contradicciones solo pueden tener su resolución positiva con el pasaje del proletariado a clase dominante lo que significa en palabras de Marx “la conquista de la democracia por la lucha”.

La conquista del poder político por el proletariado no es el resultado de ningún tipo de fatalismo histórico desde esta perspectiva y según la pertinente apreciación del marxista brasileño José Paulo Netto un elemento central que distingue y separa a los comunistas del resto de los reformadores sociales es “la determinación de que la sociedad emancipada implica la superación de la propiedad privada de los medios fundamentales de producción”.

Sin exageraciones de ninguna naturaleza podemos afirmar que el Manifiesto Comunista constituye la más brillante síntesis del pensamiento revolucionario y oficia como una insustituible guía para la acción de los oprimidos de la tierra.

En el párrafo final de la obra que analizamos Marx y Engels condensan con prístina nitidez. “Los Comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos solo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella, excepto sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero por ganar”.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Si en el siglo 19 no leer a Marx podía ser un error, hoy en el siglo 21 no leerlo es una verdadera irresponsabilidad.

El mundo de hoy confirma la pertinencia de la teoría marxista como la herramienta de mayor utilidad para transformar el mundo.

La historia de la humanidad sigue siendo la historia de la lucha de clases.

Y la clase obrera organizada sigue siendo la clase social históricamente destinada a convertirse en la sepulturera del capitalismo.

Gustavo López
Militante con gran trayectoria sindical y social desde los últimos años de la dictadura.

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