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Coronavirus – La demagogia social de la derecha y el desconcierto de progresismo

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“Las naciones civilizadas se pusieron a sí mismas en una posición de bárbaros […] por todos lados, encontramos a cada paso problemas que la humanidad está en perfectas condiciones de resolverlos inmediatamente, pero el capitalismo es un obstáculo. Él acumuló una montaña de riquezas, e hizo a los hombres esclavos de esa riqueza. Resolvió problemas técnicos profundamente complejos, y bloqueó la aplicación […] por causa de la miseria y de la ignorancia de millones de personas y de la estúpida avaricia de un puñado de millonarios. La civilización, la libertad y la riqueza en el capitalismo sugieren la idea de un ricacho glotón que se pudre en vida, pero que no deja vivir lo que es joven. Pero lo que es joven crece y, a pesar de todo, triunfará”

V. I. Lenin

La pandemia del COVID 19 expone con toda su crudeza la fragilidad del actual ordenamiento social regido bajo la égida del mercado y coloca a la humanidad frente a enormes e inéditos desafíos.
En nuestro país, cuando el nobel y colorido gobierno se aprestaba a presentar en el parlamento la Ley de Urgente Consideración como plataforma de lanzamiento de su política de ajuste o para ser más riguroso de su política de continuidad del ajuste que ya estaba en curso, la aparición de los primeros casos de coronavirus modificó radicalmente la agenda política. Hoy el Uruguay y el mundo parece haberse vuelto monotemático, un único asunto atrae la atención y la preocupación: como frenar el avance de la amenaza que viaja en avión y adquiere la forma de un virus.
En tiempos de revolución científico, técnica e informacional, cuando la ciencia maneja el mapa genético, la internet y la inteligencia artificial, las respuestas que se ofrecen para enfrentar el flagelo son las mismas que en la Edad Media, por un lado, el encierro obligatorio y por otro el contagio masivo.
La producción orientada por la lógica del lucro determina que mientras faltan respiradores y alcohol en gel se producen seis millones de automóviles por mes en el infectado planeta.
No se produce para satisfacer necesidades sociales sino para aumentar las cuentas bancarias de una ínfima minoría de la población mundial. Ya nos lo advertía Marx, en el capitalismo “todo se hunde en las aguas heladas del cálculo egoísta”.
No es esta una crisis simplemente virósica sino una crisis sanitaria, económica y social de alcance mundial.
La historia nos ofrece sobradas evidencias para comprender que el capitalismo solo sale de sus crisis recurrentes destruyendo fuerzas productivas, sobreexplotando a millones de trabajadores, aumentando la población sobrante, o incluso recurriendo a la guerra que ha sido uno de los mecanismos favoritos elegidos por el capital a lo largo de existencia.
Todo parece indicar que estamos en vísperas de una recesión económica mundial y eventualmente de una depresión que algunos estiman podría ser mayor a la de 1929.
Huelga decir que las clases dominantes buscarán por todos los medios descargar el peso de la crisis sobre los hombros de los trabajadores, cómo enfrentar desde la clase obrera y demás sectores populares esta particular situación es el debate que debemos encarar con premura, seriedad y profundidad.
Sorprendiendo toda predicción el gobierno actuó con celeridad exhibiendo una actitud de cuerpo y una estrategia comunicacional excelentemente pensada.
Encarando a diario a los medios de comunicación generando una verdadera “expectativa país” todas las tardes donde se aguarda el parte oficial que da cuenta del avance del virus y se adelantan gradualmente las medidas que se implementaran.
El necesario aislamiento social y el resto de medidas prescriptas por las autoridades sanitarias se cumplen en el Uruguay con un más que aceptable nivel de disciplina.
Los que venían a desmantelar el MIDES hacen de este ministerio el epicentro de su política de contención de los efectos sociales, se duplica el monto de las tarjetas sociales, se implementan novedosos sistemas de canastas alimenticias, se abren refugios y hasta hoteles de 24 horas para atender a la población con mayor vulnerabilidad, y se le inyecta una importante suma de dinero a las arcas del ministerio.
Se aumentan las asignaciones familiares, se prolongan y flexibilizan los envíos al seguro de paro, se difieren vencimientos de deudas a los créditos al consumo, se extienden las líneas de crédito social y se instrumenta un paquete de créditos blandos para pequeños comerciantes y productores.
Los que venían a arrasar con los consejos de salarios y a barrer con los derechos conquistados, acuerdan con las cámaras empresariales y el gobierno la postergación de la convocatoria a los consejos de salario. El ministro de trabajo que obtuvo un puñadito de votos en la última elección y que ocupa la cartera producto del delicado equilibrio de fuerzas en la coalición de gobierno, recibe elogios por su actitud dialoguista por parte de los principales referentes de la conducción sindical.
Capítulo aparte merece la jugada magistral propia de un diestro ajedrecista cuando se anuncia la creación del Fondo Solidario Corona Virus.
Se comienza por anunciar el descuento del 20% de los salarios de los cargos políticos electivos, incluyendo al propio presidente y los cargos de particular confianza a todo nivel, esta medida despierta una epidemia de simpatía en un país en donde la distancia entre los ingresos de los cargos políticos y de la mayoría de la población trabajadora es abismal.
Por otro lado, aparece como una medida valiente que le toca los privilegios a los que nunca fueron tocados y resume una aspiración de buena parte de la ciudadanía.
Como plato de fondo se procede al descuento escalonado de entre 5 y 10% al salario de los funcionarios públicos (exceptuando a los de la salud) cuyos ingresos superen los ochenta mil pesos líquidos.
Esta mediada abre el debate, por un lado, considera salarios privilegiados a los que ganan menos que una canasta familiar (80.000), enfrenta trabajadores contra trabajadores, estigmatiza al funcionariado público, sienta un precedente preocupante en materia de tocar los salarios y la cifra estimada de recaudación por esta vía resulta más que insuficiente para afrontar la situación, se calcula que se recaudará por esta modalidad entre 12 y 15 millones de dólares al tiempo que se anuncia un endeudamiento con organismos financieros de crédito en el orden de los 1500 millones de dólares.
No se toca, ni siquiera se roza, al capital ni a sectores con mayor capacidad contributiva, ni a las zonas francas, ni a la banca, ni a las inversiones trasnacionales, ni a los exportadores favorecidos por el aumento del dólar, ni a un largo etcétera.
A lo que corresponde sumar el tarifazo que supone el aumento de las tarifas públicas en estas particulares circunstancias.
Solo un necio no podría reconocer que la demagogia social de la derecha está dando sus frutos por el momento.
Las fuerzas del “progresismo” recientemente desalojadas del gobierno se encuentran desconcertadas y sin iniciativas serias limitándose al llamado a la “unidad nacional” y viéndose obligada a reconocer que su crisis interna los muestra cada vez más débiles frente al gobierno y la población en general.
Desde las filas del movimiento obrero y sus corrientes mayoritarias, se levantan un conjunto de medidas justas y acompañables pero que no superan el horizonte keynesiano.
Una vez más se coloca al movimiento obrero como un actor pro activo y propositivo en el pacto social, extendiéndole la mano al gobierno y a las cámaras empresariales, intentando no “poner palos en la rueda” y desarrollando una extendida acción solidaria desde los sindicatos.
En nuestra opinión el rol histórico de los trabajadores no es evitarle los líos al capital sino por el contrario generarle más líos al capital.
Levantando un programa y un proyecto histórico y social propio de los trabajadores, colocando en la agenda un programa de transformaciones estructurales que entre otras cosas proponga la consolidación de un sistema único, estatal y público de salud, que levante la bandera de la prohibición del despido, que rechace el seguro de paro como solución, que ubique la necesidad de poner bajo control del estado y los trabajadores de la producción y distribución de alimentos, productos de higiene e insumos hospitalarios de manera de asegurar que los mismos lleguen en cantidad y calidad suficiente a la población, que es preciso invertir en investigación y liberar la ciencia de los designios del mercado y los monopolios imperialistas, que diga con claridad que esta crisis no la paguen los trabajadores y que para que eso no suceda hay que ir resueltamente contra la riqueza, en resumidas cuentas, un movimiento obrero que se piense a sí mismo como el otro antagónico del capital y nunca como su colaborador pasivo.
Por otro lado, y producto de la memoria colectiva que anida en el campo popular y de su largo acopio de experiencias solidarias, se multiplican las ollas populares y otras formas de cooperación asociativa entre vecinos para hacer frente a las consecuencias más lacerantes de la crisis que ya se expresan en el hambre de miles de uruguayos.
Las ollas pueden ser gérmenes de organización y pueden con el tiempo superar su etapa solidaria-asistencial para pasar a una etapa de protesta-resistencia dependiendo de su implantación genuina en los territorios barriales, de su masividad y por supuesto de la dirección política y social que adopten.
Por el momento debemos sumar fuerzas sin prejuicios a toda iniciativa solidaria y desde el seno de las mismas elevar los niveles de conciencia y organización de las masas populares y centralmente de los trabajadores.
Aunque parezca un lugar común, la crisis es siempre una oportunidad si sabemos intervenir en ella con ideas justas, disposición militante y audacia programática.
Este aporte que sometemos a la consideración de los lectores se orienta en la dirección de defender con convicción la idea que solo superando el modo de producción capitalista y construyendo el socialismo podemos sentar las bases de un mundo nuevo, el mundo de los trabajadores.

Gustavo López

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