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Cambio de gobierno, ¿nuevos desafíos?

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Cambio de gobierno, ¿nuevos desafíos?

Luego de quince años y tres gobiernos consecutivos, el primero de marzo de este año, el esquema político nacional cambió sensiblemente tras la asunción de Luís Lacalle Pou como presidente: el Frente Amplio deja la administración del Estado y sus mayorías parlamentarias. Ahora queda en manos del Partido Nacional, quien asume junto a sus compañeros de ruta en estos últimos años más la incorporación de Cabildo Abierto, lo que popularmente se conoce como la coalición multicolor.

Sin lugar a dudas, este nuevo escenario nos obliga a reflexionar acerca del qué hacer de la izquierda en general y de los marxistas-leninistas en particular durante este nuevo periodo, estudiar su táctica y su estrategia y en caso de ser necesario, establecer los cambios suficientes para adaptarse a esta situación.

Ante esta realidad lo que nos proponemos es analizar brevemente si realmente existe un viraje político tal que nos obligue a replantearnos el camino trazado en los últimos años, en definitiva, que nos obligue a cambiar de estrategia y/o táctica.

Para eso, creemos preciso establecer qué es la estrategia y qué es la táctica para lo que nos apoyaremos en una de las obras indispensables del Marxismo-Leninismo:

“La estrategia consiste en determinar la dirección del golpe principal del proletariado, tomando por base la etapa dada de la revolución, en elaborar el correspondiente plan de disposición de las fuerzas revolucionarias (de las reservas principales y secundarias), en luchar por llevar a cabo este plan a todo lo largo de la etapa dada de la revolución”. (Stalin, Fundamentos del leninismo)

Agregando que:

“La estrategia se ocupa de las fuerzas fundamentales de la revolución y de sus reservas. Cambia al pasar la revolución de una etapa a otra, permaneciendo, en lo fundamental, invariable a lo largo de cada etapa en cuestión”. (Ob. Cit.)

Mientras que la táctica:

“(…) consiste en determinar la línea de conducta del proletariado durante un período relativamente corto de flujo o de reflujo del movimiento, de ascenso o de descenso de la revolución; la táctica es la lucha por la aplicación de esta línea de conducta mediante la sustitución de las viejas formas de lucha y de organización por formas nuevas, de las viejas consignas por consignas nuevas, mediante la combinación de estas formas, etc. Mientras el fin de la estrategia es ganar la guerra, supongamos, contra el zarismo o contra la burguesía, llevar a término la lucha contra el zarismo o contra la burguesía, la táctica persigue objetivos menos esenciales, pues no se propone ganar la guerra tomada en su conjunto, sino tal o cual batalla, tal o cual combate, llevar a cabo con éxito esta o aquella campaña, esta o aquella acción, en correspondencia con la situación concreta del período dado de ascenso o descenso de la revolución. La táctica es una parte de la estrategia, a la que está supeditada, a la que sirve”. (Ob. Cit.)

Explicado este asunto, prometemos no más citas.

A nuestro entender, desde hace ya varias décadas, la tarea fundamental que tenemos por delante es la de romper con las trabas generadas por años de dependencia del imperialismo. Esta tarea desde la década del 60 tras la bancarrota definitiva de la burguesía industrial uruguaya, la inexistencia de un campo socialista fuerte y el grado de desarrollo del imperialismo, no hay lugar a discusión que solo se podrá conseguir gracias a la lucha de la clase obrera que construyendo su propio Estado y con su propio gobierno, junto a sus aliados, deberá recorrer un proceso único e ininterrumpido hacia el Socialismo.

Con esto decimos -separándonos de gran parte de la izquierda- que en la etapa actual no habrá gobierno democrático burgués ni un desarrollo por las vías normales del capitalismo que hagan del Uruguay un país libre y desarrollado,

Respecto a la estrategia, también tenemos una particularidad clara, a diferencia del caso que analiza Stalin, y es el escaso grado de desarrollo en la tarea fundamental de los marxistas leninistas: la fusión del Socialismo como teoría de liberación de la clase obrera con el movimiento obrero.

Los trabajadores uruguayos necesitamos un partido político independiente de la clase obrera, constituido y desarrollado, que nos dirija a cumplir las tareas mencionadas, tarea que en la actualidad nos encontramos dando los primeros pasos en esta dirección. Y si hablamos de golpe principal, está claro que la clase obrera no podrá golpear ni a una mosca sin su vanguardia desarrollada, sin un Estado mayor que la dirija.

Esto es diferente a la teoría ampliamente establecida por muchos revisionistas, que creen que la tarea en esta etapa constituye la creación de una sigla, de varios frentes sin desarrollo ni inserción real y de algunas células inorgánicas distribuidas en pocas regiones.

Por tanto, los marxistas-leninistas teniendo en cuenta que no alcanza con un primer paso, somos conscientes de que tenemos una tarea fundamental, impostergable y también muy difícil: el fortalecimiento y desarrollo de nuestro Partido. Esta tarea no se realizará de un día para el otro ni mucho menos puede dejar de ser sustituida por llevar adelante tal o cual batalla, tal o cual objetivo inmediato.

En este proceso, los aliados de clase obrera serán las demás clases trabajadoras: los pequeños campesinos y la pequeña burguesía en proceso de proletarización.

Esto, sin dudas, se mantiene incambiado pese al cambio de gobierno.

¿Qué pasa con la táctica?

La táctica a pesar de que es algo cambiante en cortos periodos de tiempo, es un aspecto fundamental ya que el mínimo detalle puede establecer una postura revolucionaria o una postura reformista-conciliadora en cada momento dado.

Por su situación cambiante, por la cantidad de elementos que debe de tener en cuenta, la táctica es muchísimo más compleja de determinar y también de analizar cuando se trata de terceros. Un tratamiento profundo de este tema escapa de un solo artículo.

Igualmente, haremos el intento de aclarar algunos puntos que hacen al objetivo del presente texto.

El gobierno que se fue

Como conclusión a priori, podemos subrayar que el gobierno del Frente Amplio, pese a su parafernalia disfrazada de agenda de derechos, durante sus 15 años de mandato, en términos cualitativos mantuvo incambiada la estructura económica del país.

En su esencia, tuvimos representado al gobierno de la pequeña burguesía, aliada estrechamente al imperialismo norteamericano y a los partidos de la burguesía y terratenientes en todas sus expresiones que acompañó fielmente desde el parlamento cada iniciativa en sentido estructural, limitando su oposición a cuestiones de segundo orden o de forma.

Para esto, hicieron uso de las organizaciones sociales cooptadas por representantes de la burocracia sindical (aristocracia obrera), quienes acompañaron fielmente todo el proceso siendo beneficiados con puestos en el Estado y un mayor peso en la escena política, donde no escatimaron esfuerzos a la hora de fusionar al movimiento de masas con el Estado.

No podemos dejar pasar el rol del progresismo y de los revisionistas en esto ya que para sus fines, se encargaron de desarmar política e ideológicamente a los sectores populares, promoviendo una completa desideologización de las masas con la promoción de ideas individualistas y posmodernas usando el apoyo del Estado, dejando a los sectores menos desarrollados entre las clases trabajadoras como carne de cañón para las medidas antipopulares de su gobierno y los posteriores.

Mientras que por su parte, las organizaciones patronales sirvieron como mecanismos de presión para obtener mayores prebendas por parte del Estado y salir fortalecidos en un contexto de precios internacionales favorables y nuevos mercados disponibles producto de la crisis económica que vivieron fundamentalmente Estados Unidos y la Unión Europea. Huelga decir que sus objetivos fueron cumplidos de forma satisfactoria.

Como reflejo de esto podemos destacar que en los últimos 15 años se profundizó el carácter dependiente de la economía cada vez más apoyada en la exportación de materias primas, se flexibilizó el trabajo a partir de la limitación de las ocupaciones, del derecho a manifestación, de huelga (el uso de la esencialidad) y que empeoró significativamente las condiciones de trabajo de miles de trabajadores a partir de las tercerizaciones tanto a nivel público como a nivel privado.

También fue defensor de algunos tratados de libre comercio e hizo uso de la legislación ya existente en materia de promoción de inversiones, extranjerizó la tierra y triplicó la deuda externa, entre otras medidas.

Quizás algún abogado del diablo dirá que se mejoraron las condiciones de vida de la clase trabajadora, lo cual por lo anterior siempre va a ser relativo. Pero lo cierto es que sí hubo una recuperación económica en relación a la peor serie de crisis económicas que vivió el país, la cual se pudo dar durante un breve periodo de altos precios de las materias primas que exportaba y un fuerte flujo de inversiones privadas por lo que esta leve mejoría no fue producto de una confrontación de intereses respecto a las ganancias de los capitalistas sino que fue permitida siempre y cuando éstas no se vieran alteradas.

En lo que refiere a la superestructura, el retroceso puede considerarse aún más serio ya que despejó el camino para un ajuste de grandes dimensiones. Algunos elementos a mencionar son la creación de cuerpos especiales exclusivamente para la represión (Guardia República, PADO), un nuevo código del proceso penal redactado por Estados Unidos, ahogo presupuestal de la educación y la salud pública como las más destacables.

Aun con el peligro de ser redundante, tenemos que mencionar que esto fue unánime entre los sectores mencionados.

El Frente Amplio continúo y profundizó el modelo establecido en los 60s y consolidado por la Dictadura Civico-Militar, lo que se traduce en un fortalecimiento del Poder de la burguesía compradora, el latifundio y el imperialismo.

Lo que vino y lo que se viene

En este panorama, asume el nuevo gobierno en donde ganan fuerza con claridad los partidos de la burguesía compradora, los terratenientes y lo más corroído de la pequeña burguesía.

Antes que el lector se lo pregunte, como parte de este análisis debemos decir desde ya que es necesario rechazar el planteo vulgar que pone al ejército en esta ecuación: el ejército no es una clase social y por tanto no posee ideología propia. El esplendor de Cabildo Abierto es una expresión más de la descomposición de amplios sectores de la pequeña burguesía, los intereses de éste sector son los que se representan en su programa y en sus principales referentes quienes casi en su totalidad vienen de las filas de otros partidos, incluido el FA, con quien intercambiaron votos en octubre y noviembre.

Es necesaria la aclaración ya que a nuestro entender, esto no representa un avance significativo del fascismo, por tanto también, no nos excusa ni excusa a nadie a la hora de tomar medidas apresuradas.

Por su parte, no nos podemos olvidar del FA y de la burocracia sindical quienes hasta ahora y por lo que se viene manifestando tanto en lo que refiere a la Ley de Urgente Consideración y la crisis magnificada por la pandemia vienen acompañando, pese a quien le pese, al nuevo gobierno a través del apoyo a muchas de las medidas económicas de austeridad (Astori, Vázquez, Mujica) y aun en mayores niveles de acuerdo, llamando a la Unidad Nacional como forma de planchar cualquier tipo de antagonismo mientras se mantiene ausente un programa diferente al del gobierno para la crisis.

Esto último, no podría hacerse sin incluir una gran dosis de demagogia discursiva, ya que, como es evidente, el objetivo del FA es disputar el gobierno nacional en 2024 y mantener sus principales intendencias, mientras que la burocracia sindical especula con una posible juntada de firmas carente de todo plan de movilización real.

Como parte de esta nueva ecuación, es de esperar que las clases mencionadas en el primer párrafo del parágrafo tendrán mayor incidencia.

Así llegamos a los primeros días de gobierno, cuando se publicó el proyecto de Ley de Urgente Consideración el cual viene a profundizar muchas de las leyes creadas por gobiernos anteriores y establecer nuevas medidas restrictivas siempre basadas en la legalidad existente.

Es de esta forma que en estos dos meses y medio no se ha notado nada excepcional sino la demostración de que han venido a cumplir con lo que se esperaba de ellos y lo que han prometido en campaña electoral: los patrones del gobierno anterior que en tiempos difíciles vienen a encargarse de su establecimiento para que la burguesía salga lo más fortalecida posible de la crisis.

A pesar de los gritos desgarradores aclamando la vuelta de la derecha, la ultra derecha, el fascismo y los tres juntos a la vez, demostrando que hay gente que hace política en base a categorías establecidas de forma mecánica, debemos rechazar esos puntos de vista y basarnos en la ciencia que nos enseña en todo momento que no todo es lo que parece a simple vista: la derecha nunca se fue, nunca perdió su dominio económico, ideológico ni político; desde la socialdemocracia hasta el fascismo, todos son instrumentos del capital para mantener su dominio.

La inoperancia de la izquierda y la posición de los marxistas-leninistas

Lamentablemente, visualizamos como a medida de que se establece esta nueva coyuntura, nuevos sectores antes críticos, producto de la falta de un programa propio basado en la realidad objetiva y perdidos ante esta nueva situación con total desconcierto ideológico se unen en fila hacia el progresismo al cual ven como su aliado natural para enfrentar al nuevo gobierno.

Esto se da debido a que muchos mantienen aún esperanzas en la posibilidad de cumplir las tareas nacionales a través de coaliciones con participación y conducción de la burguesía y la carencia de un programa propio (véase por ejemplo la defensa que algunos hacen de programa del Frente Amplio del 71 o medidas desarrollistas y proteccionistas ya utilizadas y abandonadas por el batllismo), lo que los hace perder de vista cualquier intención de conducir un proceso propio apoyado en la clase obrera.

Es preciso tener en cuenta que este cambio no ha surgido desde un día para el otro, evidentemente, sino que ha venido sucediendo paulatinamente y a diferentes niveles también antes de octubre.

El primer síntoma de esto ha sido la incorporación por parte de estos sectores, de importantes elementos de la ideología progresista como la defensa acérrima de su “agenda de derechos”, el acople tanto discursivo como práctico con el posmodernismo en el movimiento social, su relación pacífica en el movimiento sindical (COFE, AFFUR, FENAPES, FUECYS, entre otros) donde no solo se ha visto una práctica pasiva a la hora de enfrentar y diferenciarse con los agentes del oportunismo sino que han integrado listas en conjunto y en algunos casos hasta han realizado actividades con los máximos representantes de la burocracia sindical como invitados.

Un gran salto hacia la unidad del que han sido parte una porción considerable de la izquierda extra FA fue el llamamiento abierto a votar por un cuarto gobierno, medida que para muchos marca un antes y un después.

Las concesiones también se expresan en el plano internacional donde estos sectores son defensores acérrimos de los gobiernos progresistas de la región, incluso de los gobiernos socialdemócratas europeos (Syriza).

Con estos antecedentes, vemos hoy cómo se empiezan a matizar las críticas hacia los gobiernos del FA -cuando no desaparecen-, se empieza a asistir a convocatorias de forma acrítica y se empieza a buscar aliados dentro de sus filas, resumiendo tácticamente con ellos a quienes ahora se convierten en compañeros de viaje para enfrentar a “la derecha”, proceso por el que vivieron organizaciones de carácter similar en Argentina y Brasil con lamentables resultados.

Como se puede concluir con todo esto, no existe un corrimiento objetivo de las clases que detentan el poder ni un cambio sustancial en la forma en que la burguesía expresa su sometimiento hasta el momento, mientras que nuestras tareas no se encuentran acabadas en lo absoluto.

Para los marxistas-leninistas, es incompatible una táctica que se plantee la vuelta del progresismo al control del gobierno, por lo que sumarse en coro a “luchar contra la derecha” perdiendo de vista el objetivo de quienes conducen esta “lucha” es contrario a nuestros fines.

Tanto los marxistas-lenininistas como quienes pretendan agrupar a la izquierda con mejores perspectivas que las actuales, en un momento en donde el progresismo se desenmascara ante la población, pierde su apoyo electoral y muestra grandes debilidades a la hora de mover a su militancia, darle el toque de muerte es una tarea de vital importancia ya que mientas que los bomberos del capital estén al frente de las luchas, éstas estarán destinadas al fracaso.

Como se decía más arriba, la etapa actual sigue poniendo énfasis en la fusión del Socialismo con el Movimiento Obrero.

Esta premisa pone arriba de la mesa la necesidad de insistir en una agenda propia que ponga en la hora del día las necesidades de la clase trabajadora y sus aliados, de mostrar y luchar por nuestro programa combatiendo el absurdo instalado en el movimiento de que solo hay una lucha que dar junto una militancia de calendario, esperando una fecha en que se conmemore algo para salir a la calle.

Esto no significa que haya que replantear el trabajo, sino que nos propone profundizar lo que se viene haciendo, debido a que no existe hoy otra organización que se plantee el cometido de mejorar las condiciones existentes en cada lugar mientras las soluciones a los problemas de vida del pueblo esperan: la situación actual nos propone salir a pelear para colocar en el movimiento obrero todas aquellas reivindicaciones que el oportunismo se encargó de borrar para no comprometer la paz social, nos da la tarea de seguir trabajando organizadamente por sacar a las organizaciones populares de una largo letargo de “luchas” a la defensiva y comenzar a avanzar.

Con certeza podemos afirmar que estamos en un momento de dificultades, en las que las organizaciones de lucha han sido desarmadas, donde reina la confusión en nuestros alrededores y la moda exige “autocríticas”, virajes y conciliación; pero sabemos que nuestra lucha exige sacrificios y con una teoría sólida, de vanguardia, con organización y con principios; somos insistentes en que todos nuestros caminos llegan a nada más y nada menos que a la liberación de la humanidad de la explotación que hoy sufre, que nuestra lucha trae consigo la obtención del Socialismo y el comunismo.

Debemos seguir luchando por reivindicaciones concretas y explicar que el capitalismo ya no sirve como modo de producción, solo de esta forma podremos lograr nuestros objetivos.

Los oportunistas disfrutan yendo por el camino asfaltado, rodeado de flores y con un paisaje celestial pero aunque nos cueste críticas, vamos a seguir señalando que ese camino termina en precipicio.

Por más difícil que sea, seguiremos construyendo piedra sobre piedra el camino hacia nuestra propia liberación.

Gustavo Kelmendi
Estudiante de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, integra el Frente de Participación Estudiantil Susana Pintos.

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